Opinión

Profundizar las reformas

10 febrero 2014 4:36 Última actualización 14 octubre 2013 5:2

 
Samuel Aguilar Solís
 
En 1513, Nicolás Maquiavelo nos regala su obra titulada “El príncipe”, y con ello, otorga al mundo de la ciencia política un patrimonio invaluable. Un pequeño tratado escrito hace 500 años hoy todavía tiene mucho que decirnos y que enseñarnos: “El que quiere el fin, debe querer los medios”.
 
Sin duda esta frase nos abarca a todos los mexicanos en este momento de reformas estructurales emanadas del Pacto por México, las cuales sin duda generan costos, pero el objetivo es que el beneficio sea para la mayoría.
 
Los medios que se requieren para que el Estado mexicano pueda enfrentar su tarea de ser garante de los derechos humanos elementales y ampliados para todos, tales como salud, alimentación, seguridad social, derechos políticos, derechos económicos, de género, entre otros; se llaman reformas, y no debemos ni podemos dar marcha atrás.
 
Maquiavelo señalaba la importancia del éxito a la hora de buscar el objetivo; la transformación que México persigue tiene el objeto de alcanzar el crecimiento esperado a través de la reforma energética como detonador de éste; de mejor educación para todos como una inversión futura para nuestra sociedad que permita la inclusión con la reforma educativa; de una reforma fiscal que permita disminuir la desigualdad y alcanzar el crecimiento esperado, de una reforma financiera que permita que se otorguen más créditos, más baratos y en mejores condiciones para el país; además una reforma política que haga efectivos los derechos políticos y sociales de los ciudadanos profundizando en nuestra democracia y también abaratando las elecciones.
 
De esta manera, se busca que la transformación que se instrumente a través de las reformas planteadas, sea efectivamente vivida por la población y por ello es momento de profundizar las reformas, no de parchar nuevamente el bache.
 
El término “suavizar” las reformas que demanda la derecha partidaria y las izquierdas, se traduce en paliativos que no resolverán el origen de los problemas. En los últimos 30 años, la pobreza no ha disminuido, los programas sociales únicamente han contenido su incremento y mientras el país no tenga un crecimiento de por lo menos 5% anual, difícilmente se podrán mejorar las condiciones de vida de todas y todos los mexicanos. Los economistas para el mediano plazo proyectan con la promulgación de las reformas estructurales un crecimiento anual del 6%, lo cual sería el impulso económico que México requiere después de tantos años de estancamiento y reformas blandas fallidas.
 
Hoy, los preceptos que nos regala hace 500 años Maquiavelo, sin duda se ven enriquecidos y acotados gracias a nuestro sistema democrático, evitando que la razón de Estado o de intereses propios tomen a voluntad las decisiones que habrán de afectar a generaciones presentes y futuras, y de la misma forma, vivimos en la pluralidad que debe buscar el bienestar de las mayorías.
 
El número de personas que viven en la pobreza que alcanza cerca de la mitad de nuestra población no alcanzará condiciones dignas de subsistencia si no se profundizan las reformas.
 
Es de destacarse que por lo anterior, es necesaria que aunado a los cambios estructurales que se plantean, éstas sean acompañadas de un compromiso puntual con la transparencia y la rendición de cuentas. La corrupción, debe combatirse de manera frontal y rigorosa, y a este llamado no sólo debemos acudir los partidos políticos o los gobiernos en sus diferentes niveles; estamos llamados todos los ciudadanos en nuestro papel de cumplir con nuestras obligaciones y de exigir cuentas claras.
 
Hoy es el momento para reformar al país o estaremos condenando a generaciones futuras al fracaso y al límite de la estabilidad y la gobernabilidad.
 
Aquellos que buscan “suavizar” las reformas buscando rentabilidad electoral con las minorías, olvidan que el “costo político” de la transformación lo debemos pagar ahora, para heredar a la mayoría con orgullo el México del mañana.