Opinión

¿Profecías autocumplidas?

 
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Corrupción

“Hay otra inestabilidad que resulta de las características de la naturaleza humana; gran parte de nuestras actividades positivas dependen más del optimismo espontáneo que de una expectativa matemática, ya sea moral, hedonista o económica”.

John Maynard Keynes en la Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero.

Hoy en día nadie duda del papel que juegan las expectativas en la determinación de muchas variables económicas. Las olas de optimismo o pesimismo —los espíritus animales keynesianos— cambian la conducta de los agentes, de nosotros, e influyen en nuestras decisiones de consumo y de inversión. Pero esas olas, con el consecuente ajuste en el comportamiento, pueden fortalecer justo la situación que se trataba de evitar, convirtiéndolas en profecías autocumplidas.

A principios de febrero salió uno de los indicadores que de alguna manera capturan estos espíritus animales, el Índice de Confianza del Consumidor, correspondiente a enero. La disminución fue impresionante. La confianza de los consumidores se desplomó 17.9 por ciento respecto al mes previo y 25.7 por ciento si la comparamos contra enero de 2016. En inglés, el indicador correspondiente se llama consumer sentiment, término que quizá capture mejor lo que el indicador nos dice.

El índice tiene cinco factores que miden las percepciones de la gente sobre: la situación económica actual del hogar del entrevistado, comparándola con la de hace un año; la situación económica del hogar hacia los siguientes doce meses; la situación económica presente del país respecto a la del año anterior; la expectativa de la situación económica del país en el siguiente año; y qué tan propicio se considera el momento actual para la compra de bienes duraderos.

El análisis de cada uno de estos rubros nos da información interesante.

Interesante en el sentido de que podría servir al gobierno para diseñar políticas públicas, o simplemente tomar decisiones, que pudieran cambiar el sentir de los consumidores. Usualmente las dos preguntas referentes a la situación económica del país son las que observan un mayor pesimismo. La gente percibe peor al país, de lo que percibe su situación económica propia. En el índice correspondiente a enero, el rubro que más bajó fue el que captura la visión de las personas sobre la economía a futuro. Disminuyó 34.5 por ciento en relación a enero de 2016.

A los pocos días de la publicación de este indicador, el Inegi dio a conocer las estadísticas de bienestar autorreportado de la población urbana. En esta encuesta se pregunta sobre la satisfacción con la vida, la fortaleza anímica, el sentido de la vida y sobre el balance afectivo para conocer los estados anímicos de la población. Los datos presentados corresponden a todo 2016. En general, hay una pequeña disminución frente al bienestar reportado por la población en 2015, pero dentro de la encuesta también hay resultados interesantes.

La gente se siente muy satisfecha con sus relaciones personales, con su ocupación, con su salud, con sus logros en la vida, incluso con sus perspectivas a futuro. En esos factores, salvo el último, la gente no reportó estar menos satisfecha que el año anterior. Es decir, a pesar de que decimos que 2016 fue un año difícil, la gente no se manifestó menos contenta ni menos satisfecha.

Sin embargo, la disminución en el bienestar viene cuando a la gente se le pregunta por su ciudad, por el país y por la seguridad ciudadana. Ahí es no sólo donde la población se encuentra menos satisfecha, sino que es donde se ven las mayores disminuciones.

Podrían parecer encuestas o indicadores que sólo miden el estado de ánimo de las personas, con toda la volatilidad que ello implica. Pero si vemos más allá del dato duro y de la información general, hay mucho qué analizar. La gente está contenta con su vida y con sus satisfactores. Pero no está satisfecha con las expectativas del país, ven una situación que se deteriora y en función de esa perspectiva ajustarán su conducta, posiblemente ocasionando ellos mismos el deterioro.

¿Cómo cambiar las expectativas? ¿Cómo cambiar la visión que tenemos sobre el país? Se me ocurren muchas cosas. De entrada, creo que un combate frontal, directo y claro a la corrupción haría por este país mucho más que todas las campañas de unidad nacional juntas.

Ser testigos de la corrupción infinita de algunos gobernadores o funcionarios públicos merma cualquier intento de unir al país y anula las probabilidades de éxito de cualquier campaña publicitaria solicitando la unidad ante la adversidad.

¿Por qué entonces no lo hacemos? Me imagino que las redes de corrupción llegan hasta lo más profundo de nuestro país. Con el Sistema Nacional Anticorrupción hay indicios de que algo puede cambiar. Pero no bastan los indicios cuando los Duarte, los Borge, los Moreira, los que roban poquito porque hay poquito (y la lista seguiría) siguen paseando por el mundo ostentando con orgullo sus robos y sus transas. No bastarán los indicios mientras sigamos viendo con normalidad las prácticas corruptas y 'pragmáticas'.

Ahí es donde están los espíritus animales. Es posible cambiarlos, es posible transformar las olas de pesimismo en corrientes optimistas. Pero se necesitan hechos. Los discursos nunca serán suficientes.

La autora es profesora de Economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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