Opinión

Productividad y pobreza

Se dio a conocer el indicador de la productividad laboral para el segundo trimestre del año, mostrando que esta tuvo un crecimiento de 2.2% respecto al segundo trimestre del año previo, siendo este su segundo incremento consecutivo, ya que en el primer trimestre también aumentó. Por tipo de actividad económica tenemos que el indicador en el sector primario, o sector agropecuario, mostró un incremento de 2.4%, mientras que en la industria, o sector secundario, disminuyó 1.2% y en el comercio y los servicios aumentó 3.8%.

La productividad es un indicador muy importante, ya que en buena medida cuando crece tiende a mejorar las percepciones laborales y si el aumento es en forma sostenida, alienta la generación de más empleo remunerado y con prestaciones. Desafortunadamente durante 2013 la productividad registró caídas en todos los trimestres, observando las más pronunciadas en el tercer trimestre del año y la menor baja en el cuarto trimestre, que no se debió a un buen registro, sino al efecto estadístico, ya que la comparación se hizo respecto al último trimestre de 2012, cuando la productividad aumentó muy poco.

Durante la década pasada y lo que va de la presente, se ha observado que cuando el empleo aumenta en forma sostenida, aumenta la productividad y mejoran los salarios, haciendo que disminuya drásticamente la pobreza, sobre todo la denominada pobreza extrema. Desafortunadamente en ese mismo lapso hemos padecido los efectos de varias crisis, que si bien no tuvieron un impacto sobre la inflación, el tipo de cambio y las tasas de interés, si afectaron considerablemente al empleo, llevando a muchas personas a la informalidad. De hecho hemos visto como la informalidad ocupa a casi el 60% de la población económicamente activa, porcentaje que sólo en algunos años ha disminuido, aunque cuando empiezan a haber problemas, este aumenta de nueva cuenta.

Este año tendremos una nueva medición de la pobreza, empezando por el levantamiento de una encuesta de ingresos y gastos de los hogares, que arrojará luz sobre el comportamiento de estos indicadores, aunque dado el comportamiento del empleo y la productividad, no podemos augurar nada positivo a favor de la población trabajadora. La tasa de desocupación abierta ha aumentado, ubicándose por arriba del 5% ya durante varios meses y sin tendencia para bajar en los siguientes meses, Desde 2008 la productividad de la mano de obra ha disminuido, con caídas en 2008, 2009 y parte de 2010, para caer de nueva cuenta en 2011. Con este comportamiento no debería sorprendernos que el mercado interno esté tan deprimido. Simplemente comparando el aumento de los salarios con la inflación, arroja el resultado de que la masa salarial, que se calcula multiplicando el número de trabajadores por su ingreso, ha disminuido en términos reales de 2008 a 2011 y de nueva cuenta desde inicios de 2013.

Hay empleo, aunque la población gana cada vez menos y en términos reales su poder adquisitivo a perdido mucho más. Por ello no debe sorprendernos que el consumo interno no mejore, que el mercado interno esté estancado y que de nueva cuenta nos enteremos que la pobreza sigue en aumento. Lo peor es que nadie quiere darse cuenta que el gasto público no sirve de nada para corregir esta situación, y las políticas públicas que se han diseñado, básicamente las reformas estructurales de poco servirán para corregir el problema. Necesitamos un poco de ingenio, elemento ausente durante mucho tiempo entre los que diseñan e instrumentan políticas públicas.