Opinión

Productividad, amor y amistad

Ricardo Márquez

Es un círculo virtuoso que no es fácil de edificar y mantener. Es posible afirmar que es muy compleja su continuidad y que representa una edificación con cimientos susceptibles de resquebrajarse rápida y profundamente por una multiplicidad de factores externos a ese círculo.

Cada uno de estos factores puede existir individualmente y no necesariamente estar vinculado con los otros. También es posible que no siempre se encuentren en el mismo lugar y al mismo tiempo. Incluso cuando existen simultáneamente pueden o no estar en el mismo lugar.

Lo más común es pensar en ellos de forma separada y con ubicaciones espaciales distintas: la productividad en el trabajo, el amor en la casa y la amistad en cualquier otro lado. Y, desde luego, esto va acorde con el más elemental sentido común: ni modo que la productividad estuviera únicamente en la casa y el amor siempre en cualquier otro lado.

Estudios internacionales muestran que los niveles de productividad laboral tienden a incrementarse cuando los trabajadores o empleados sienten que su esfuerzo es reconocido y su persona apreciada por sus empleadores o empresas. Este tipo de política laboral incentiva la productividad.

Pero este vínculo, solo, aislado, es altamente vulnerable. La productividad de cualquier persona está permanentemente sujeta a una gran cantidad de factores que pueden impactarla de manera negativa. Los impactos negativos de mayor magnitud y de efectos más prolongados provienen precisamente de factores vinculados al amor y la amistad.

Los problemas maritales, de relación de pareja, que usualmente se generan fuera o al margen de la dinámica de los centros de trabajo, con mayor frecuencia de la deseada, son poderosos factores que afectan negativamente la productividad laboral. La inversa no necesariamente se cumple: una buena relación sentimental no conduce ineludiblemente a mayores niveles de productividad laboral.

La afectación a la productividad suele profundizarse o atenuarse según el tipo de actividad laboral que se desempeñe. Cabe esperar mayores niveles de afectación en actividades no rutinarias, que requieren de capacidades de creatividad e innovación; y menores niveles de impacto en actividades repetitivas y rutinarias.

La productividad suele también incentivarse cuando el empleado o trabajador participa de la construcción de un ambiente laboral propicio en el plano interpersonal. La existencia de lazos de confianza y amistad en el lugar de trabajo es un poderoso incentivo para la productividad. Con frecuencia, las empresas o conglomerados empresariales más exitosos son también reconocidos como los “mejores lugares para trabajar”, como Google, SAS y The Boston Consulting Group, en los Estados Unidos; o Starbucks, Novartis y Pepsico en México.

En este sentido, la sabiduría ancestral del sistema político mexicano es poco menos que impecable. En alguna ocasión, un personaje de prolongada y reconocida trayectoria en el servicio público, me encontró en un impasible pasillo vacío por las altas horas de la noche, apresurado, tenso e irascible por las vicisitudes cotidianas de un demandante empleo. No indagó qué pasaba.

Fue directo a preguntarme por cómo estaban las cosas en casa, con la familia.

Tranquilo, con calma pero sin dar tiempo a la respuesta, compartió esa joya de la sabiduría cotidiana de quien ha pasado por muchas más batallas: el verdadero problema sería permitir que lo laboral afectara la armonía en casa, con la familia. Si no era así, no había razón para preocuparse; en caso contrario, más valía irme a casa, a atender lo verdaderamente importante. Y me fui. Y tenía razón. Y el personaje de las muchas más batallas sigue ahí, compartiendo de vez en vez esa sabiduría de la vida cotidiana para la cual nunca habrá suficiente aprendizaje.