Opinión

Problemas en Turquía

Bueno, ¿nos hacía falta esto? ¿Turquía? ¿Quién estaba prestando atención a Turquía? Algunas personas, por supuesto, porque era su trabajo.

Apenas hace poco más de un mes el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó los resultados de su última consulta del Artículo IV. Mencionó algunas preocupaciones. Por ejemplo, según el FMI: “El aspecto más inquietante es el ensanchamiento de la posición corta en el FX de corporativos no financieros. Ésta ha saltado de 78,000 millones de dólares en 2008 a 165,000 millones de dólares ahora”.

Pero llegó a sugerir que los riesgos no eran grandes, entre otras cosas porque “el régimen de tipo de cambio flotante reduce la probabilidad de un ajuste abrupto y muy grande en el tipo de cambio”.

Cualitativamente, se ve como una clásica crisis de mercados emergentes: inundación de fondos externos, incremento drástico en deuda del sector privado denominado en moneda externa, y después el dinero del exterior dio media vuelta y huyó.

Cuantitativamente, no debería ser tan malo: la deuda externa de Turquía solo representa 40 por ciento del producto interno bruto (o así estaba antes de que se desplomara la lira, la moneda del país), y supuestamente las empresas turcas no están tan apalancadas. Por el otro lado, hay una crisis política y una crisis de moneda.

Ah, y contagio entre mercados emergentes. ¡Encantador!

Todo esto está pasando mientras la recuperación en Occidente sigue siendo muy débil y hay creciente riesgo de deflación.

Si tomamos en serio el estancamiento secular, y deberíamos hacerlo, entonces tenemos un problema crónico de demasiado ahorro persiguiendo muy pocas oportunidades buenas de inversión, lo que significa que la gente solo se siente próspera cuando el dinero piensa haber encontrado más buenos destinos de los que realmente hay, y muy pronto se da cuenta de eso, con efectos desagradables.

Hablaremos mucho más sobre esto, probablemente, conforme me ponga al día con el Bósforo.