Opinión

Problemas con el apego

   
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Apego, familia (Shutterstock)

“Cada ser humano desea ser amado por otro como lo ha sido por su madre. O, en su defecto, como habría deseado serlo”: Sigmund Freud.

En 1969, John Bowlby definió el apego como “la conexión psicológica duradera entre seres humanos”. El apego es un vínculo profundo que conecta a una persona con otra a través del tiempo y el espacio. Cuando este vínculo no pudo consolidarse adecuadamente en los primeros años de la vida, pueden observarse síntomas como la desconfianza y como la imposibilidad para construir relaciones auténticamente cercanas y entrañables.

La terapia de orientación psicodinámica, provee una base segura que le permite al consultante explorar sus experiencias emocionales pasadas y presentes.

La misión de una terapia que toma en cuenta la historia del apego, es reparar la capacidad para regular los afectos que se ha visto lastimada por el trauma de la agresión, el abandono, la sobreprotección o el caos emocional; los pacientes tienen miedo de confiar en el terapeuta, porque no aprendieron a hacerlo en su familia de origen.

Es necesario explorar sus relaciones significativas actuales e identificar los patrones repetitivos que puedan estar ocurriendo:

Una mujer con un padre débil, acostumbrada al poderío de la madre, se involucra con frecuencia en relaciones amorosas con hombres débiles que se sienten atraídos por su fuerza y liderazgo. Siempre termina decepcionada y furiosa porque se siente explotada, con sentimientos de soledad y actuaciones impulsivas de huida en una búsqueda desesperada de un verdadero compañero. Sin embargo, los hombres fuertes, autónomos financiera y emocionalmente, la hacen sentir amenazada o se vuelve muy competitiva y la colaboración amorosa se hace imposible.

Los problemas con el apego derivan en conductas compulsivas al relacionarse. Todo lo que la gente hace con ánimo desesperado proviene del miedo a la cercanía o del miedo a la separación.

El terapeuta no es un observador impasible en las relaciones con las personas con las que trabaja. La relación terapeuta–paciente será el escenario en el que se repetirán conductas inconscientes que aparecen en otras relaciones. Si el paciente está enojado con las mujeres, se filtrará una parte de ese enojo hacia la terapeuta, que habrá de transformarse poco a poco en confianza básica.

Con qué experiencias infantiles y adultas se relacionan los sentimientos que experimenta el consultante hoy en día, es otro de los procesos permanentes que ocurren en la terapia.

Las personas desarrollan narraciones para darle sentido a su vida y también para evitar sentimientos difíciles. Es trabajo del terapeuta cuestionar la narrativa del paciente y ésta suele ser una de las dificultades de la terapia. El paciente no quiere (aunque sí lo desea) que la historia que cuenta sea cuestionada. Si dice que tuvo una infancia feliz, un padre malvado, una madre alegre, un hermano tirano o un primer amor desdichado, cualquier otra descripción que contradiga lo que ha contado una y otra vez, será motivo de tensión y con suerte y paciencia, de avance terapéutico. Sentirse mejor es imposible si se siguen contando siempre las mismas historias.

Existen imágenes y modelos que siguen gobernando la vida de los pacientes. Por ejemplo pensar que las mujeres son histéricas y que tienden a la locura, si es que su convivencia primaria con mujeres, madre y hermanas, tenían estas características; o creer que todos los hombres son infieles porque el padre lo fue; o que las mujeres deben ser discretas para que nadie dude de su integridad moral, porque existió en la historia familiar una tía de “moral dudosa” que se convirtió en el antimodelo para las niñas de la familia.

La imagen que se tiene de si mismo también es un modelo de conducta. No es una exageración decir que cuando se le grita a un niño que es inútil, tonto e incapaz, se le programa en cierta medida para que se comporte como tal más adelante. La identidad (las imágenes que tenemos de nosotros y de los demás) se forma muy temprano en la vida.

La terapia tiene algo de poesía, porque el terapeuta y el paciente deben colaborar para encontrar juntos las palabras para describir sentimientos inefables, que sirven para explorar pero sobre todo para resignificar la biografía.


Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Se dedica a la consulta privada y a dar conferencias sobre bienestar emocional.

Twitter: @valevillag

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