Opinión

Problema de seguridad en México (1)


 
No hay duda que México continúa enfrentando un problema agudo de seguridad pública y de que probablemente todavía tome mucho tiempo resolverlo. No obstante lo anterior, estadísticas serias sobre el número de asesinatos relacionados con el narcotráfico, así como varias encuestas de percepción, muestran una mejoría en el problema de seguridad.
 
 
Por un lado, de acuerdo a varias fuentes consultadas (PGR, Milenio, etc.), el número de asesinatos relacionados con el narcotráfico ha descendido de niveles cercanos a dos mil 500 mensuales entre finales de 2011 e inicios de 2012, a niveles por debajo de mil 500 actualmente. Por otro lado, el último dato publicado del Índice de Percepción sobre la Seguridad Pública (IPSP) del INEGI a junio de 2013, muestra una mejoría de cerca de 6 por ciento con respecto a junio del año pasado.
 
 
El problema es que, si bien el número de asesinatos ha disminuido con respecto al pico, los niveles actuales continúan siendo un número muy alto, sobre todo con respecto a 2006. Adicionalmente, los medios de comunicación en general hablan del número de asesinatos, pero no del comportamiento histórico, ni de la tendencia. Debido a la longitud del mensaje que me gustaría transmitir, dividí el tema en dos. Hoy intentaré dar respuesta a la pregunta sobre si “se pateó el avispero” y  la semana que entra comentaré dónde creo que estamos parados en torno al problema de seguridad y hacia dónde vamos.
 
 
¿Se pateó el avispero? En varios círculos he escuchado frases como: “El presidente Calderón declaró una guerra que no se necesitaba”, “antes se dejaba coexistir al narco y no había violencia en las calles” o “¿para qué se pateó el avispero?”. En mi opinión esos comentarios no están fundamentados en la historia reciente de México. Efectivamente, expertos en esta materia concuerdan que en México existía el narcotráfico, que nuestro país era el paso de drogas ilegales de Sudamérica a EU y no teníamos niveles alarmantes de violencia relacionada con el narcotráfico. Cuentan los conocedores que en los ochenta y noventa existían un número limitado (cinco o seis) cárteles con líderes muy poderosos estilo mafia italiana, en la que para no ser “molestados” por la autoridad, no creaban violencia en las calles, se dedicaban a exportar el producto y limitaban la venta al menudeo en nuestro país. Esta estructura cambió.
 
 
En mi opinión -fundamentada en la opinión de verdaderos expertos-, cuatro eventos modificaron el negocio del narcotráfico en México. A partir de los sucesos desafortunados del 11 de septiembre en EU, pasaron cuatro cosas:
 
 
(1) EU aumentó la vigilancia en la frontera con México, haciendo más complicada la exportación de drogas ilegales a EU. Esto, a su vez, propició batallas entre cárteles en el norte de nuestro país.
 
 
(2) Se hizo más difícil el manejo de dinero en efectivo, debido al incremento de medidas antilavado de dinero, por lo que en muchos casos, los narcotraficantes modificaron sus operaciones pagando “favores” en especie, con droga, en lugar de dinero en efectivo. Por ejemplo, una persona en una ranchería que tiene una pista de aterrizaje clandestina, históricamente recibía pago en dólares a cambio de permitir el aterrizaje a narcotraficantes, ofreciendo combustible y comida. Por lo que, aunque no hay duda de que la actividad es ilegal, al menos el dueño de la ranchería no estaba directamente envuelto en el negocio del narcotráfico y esto cambió radicalmente al recibir droga en vez de dinero.
 
 
(3) El pago en especie propició que personas históricamente ajenas al tráfico de droga tuvieran que salir a vender estos productos en México, incrementando el narcomenudeo. En este sentido, mafias “más tradicionales” que manejaban la prostitución o los juegos ilegales de apuesta a nivel local, vieron en el “novedoso” negocio de la droga como una opción “natural” de diversificación. De hecho, de acuerdo a estudios de la Organización de Estados Americanos (OEA), el consumo de droga en México se ha incrementado significativamente en los últimos diez años.
 
 
(4) En 2003 se levantó la prohibición de venta de armas de asalto (e.g. armas largas, automáticas, ametralladoras, etc.) a ciudadanos. Tradicionalmente los grandes capos de la droga eran quienes tenían acceso a armas de asalto, mediante contactos con los grandes traficantes de armas globales. Al levantarse la prohibición, mandos medios y gatilleros de los cárteles lograron tener acceso a armamento que solo obtenían al amparo de los grandes cárteles. Esto propició la ruptura de los grandes cárteles y ahora, de acuerdo a una investigación de Federico Reyes Heroles, existen más de cien células de crimen organizado relacionado con el narcotráfico en México, en lugar de cinco o seis grandes cárteles.
 
 
Si bien no se cree que estas células sean o pudieran ser más poderosas que los cárteles originales, las nuevas organizaciones no respetaban “las reglas” de los líderes “originales”, eran mucho más violentas y sí ejercían su poder, pero a niveles más limitados.
 
 
En este sentido, la declaración formal de ataque al narcotráfico del expresidente Calderón no parece indicar que “se pateó el avispero”, sino que se inició un proceso para arreglar un problema creciente de ingobernabilidad potencial.