Opinión

Probiomed va por
su quinta planta

“Al final, o eres diferente…o eres barato”
Guy Kawasaki

Un laboratorio mexicano sin hacer mucho ruido ha logrado posicionarse como líder en producción de medicamentos biotecnológicos que son la siguiente frontera para atender padecimientos que los fármacos tradicionales no han logrado abatir, como el cáncer.

Me refiero a Probiomed, la firma fundada hace 45 años por el químico farmacobiólogo Jaime Uribe y que desde hace unos meses tiene como estratega a Sandra Sánchez y Oldengahe, una ejecutiva reclutada de la estadounidense Amgen y que trabaja en la institucionalización de una empresa que compite con los grandes laboratorios internacionales.

Probiomed ha tenido la virtud de saberse reinventar: primero incursionó en la producción de ingredientes activos, luego pasó al negocio de genéricos intercambiables y ahora fabrica bioequivalentes a costos muy atractivos, lo que le está abriendo nuevos mercados.

La clave del éxito de Priobiomed es que trabaja desde la manipulación de una célula viva hasta que logra poner en el anaquel una medicina.

Desde hace años Probiomed logró notoriedad al disputar con Roche la venta de Kikuzuban, una solución para el tratamiento de linfoma no hodgking de grado bajo que le cuesta varios cientos de millones de pesos al sector salud, y que a partir de lograr una certificación de seguridad y eficacia traerá ahorros de casi 80% al IMSS, el ISSSTE y a la Secretaría de Salud.

Ahora Probiomed trabaja en el cumplimiento de la nueva normatividad que ha diseñado Cofepris para la producción de medicinas biotecnológicas que en 2015 le permitirán crecer exponencialmente sus exportaciones, de ahí que expandirá su capacidad con una quinta planta.

El tema es que ante las facilidades que otros países ofrecen a la industria farmacéutica de alta tecnología dicha planta podría instalarse fuera de México, ya que no existe aquí una política industrial para ese tipo de proyectos de alto valor agregado.

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Sigue en el candelero el expediente de la falsificación de registros sanitarios donde SAVI Distribuciones de Javier Salazar está en el ojo del huracán. Cofepris de Mikel Arriola dice que la solicitud de registro del fármaco (Doxorubicina) ingresó el 21 de noviembre de 2012 por parte de ZurichPharma de Omar Álvarez, y en abril de 2013 el regulador previno la solicitud del registro por tener información incompleta. Fue hasta el 9 de julio de 2013 cuando la empresa de Omar Álvarez ingresó de manera directa la información faltante a través de la ventanilla de Cofepris, y en septiembre de ese año el IMSS convocó a licitación pública internacional, la cual concluyó el 14 de noviembre. El caso es que el registro se otorgó a ZurichPharma hasta el 4 de diciembre, por lo que el mayorista supo en todo momento que no tenía el documento en cuestión, y lo sustituyó por el de otra medicina para hacerse de pingües ganancias.

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Interesantes las reacciones cuando surge competencia. Sólo hay que ver esta semana en la que Televisa denuncia a Telmex por presunto sabotaje en la operación del call center de su nueva marca izzi. La empresa de Carlos Slim responde con un comunicado negando el sabotaje, argumentó que se trata de estrategias publicitarias. Empero, en las últimas horas misteriosamente crecen como espuma los ataques de cuentas falsas en las redes sociales en contra de izzi, de Televisa y hasta de Emilio Azcárraga. Tal parece que a alguien no le gustó nada eso de que una nueva firma se anime a poner en el mercado ofertas agresivas en contenido y precio. Tal parece que el dominante se enoja con eso de que las cosas cambien y haya más alternativas. ¿Y los consumidores apá?, es pregunta.

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Para el líder de los diputados del PRI en San Lázaro, Manlio Fabio Beltrones, lo ocurrido en Iguala es una oportunidad de reflexionar sobre qué nos falta hacer para que esta clase de atrocidades no se repitan jamás. La respuesta, dijo el político sonorense, es simple: fortalecer el Estado de Derecho, pero no con más leyes, sino hacer que las que ya existen se cumplan, que se termine con la corrupción y la impunidad.

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