Opinión

Primero el Estado

  
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Gráfica. Prefieren a Josefina votantes del Edomex.

Rumbo a 2018, primero va el Estado de México. Es una de las pocas entidades (junto con Coahuila, Campeche, Colima e Hidalgo) que no conoce la alternancia. Es la más grande en términos poblacionales y económicos en el país. Y por si fuera poco, es el lugar de origen del grupo priista que hoy está en la presidencia de la República.

Las elecciones de este año transformaron el mapa político del país, como usted sabe. El PRI perdió siete de las 12 gubernaturas en disputa, algunas de ellas por primera vez en la historia, como Durango, Tamaulipas, Veracruz o Quintana Roo. Lo que parecía un camino tranquilo, después de que en la elección intermedia (2015) refrendara su posición en el Congreso, se convirtió en un callejón, que parece sin salida. Hoy gobierna en menos de la mitad de las entidades federativas, algo nunca antes visto. Peor, entre las diez entidades más importantes en términos electorales, hoy gobierna sólo tres, y una más a través del PVEM. Pero es probable que no pueda mantener Jalisco en 2018, ni recuperar Puebla o Veracruz, de forma que el peso del Estado de México se hace incluso mayor.

Hubo un momento, hace tres lustros, en que parecía que el PRI perdería el control del estado. Mantenían el valle de Toluca, pero ya no el 'corredor azul' del occidente del DF, ni la zona oriente, en manos del PRD. Lograron recuperarse, en parte interviniendo al interior de los partidos de oposición. Eso fue lo que libró a Arturo Montiel de enfrentar el rechazo de sus cuentas públicas, y después permitió a Peña Nieto ganar tranquilamente la gubernatura, que pudo utilizar como plataforma para llegar a la presidencia.

Pero las cosas parecen estar cambiando. Del lado del PAN, este domingo hubo elecciones y todo indica que habrá cambio en el control del comité estatal de ese partido, que desde el 2000 es controlado por el mismo grupo político. En el PRD, hay un gran enfrentamiento entre la corriente de Héctor Bautista (ADN) y Nueva Izquierda. En ambos casos, estos procesos están asociados al PRI, es decir, al control que el gobernador ha ejercido al interior de los partidos.

La causa de esto parece ser el cambio en el mapa político, que ha vuelto a poner en la mesa la posibilidad de que haya alternancia en el Edomex. Los incentivos se han volteado, es preferible apostar a ganar. De acuerdo con la encuesta que ayer publicó EL FINANCIERO, la intención de voto por partido indica 31 por ciento por el PRI, 23 por ciento por el PAN, 15 por ciento por Morena y 14 por ciento por el PRD. Hubo 21 por ciento que no indicaron su preferencia y que fueron descontados de estos porcentajes. Verde y Nueva Alianza traen tres cada uno, por lo que el PRI y satélites tendrían más o menos lo mismo que el PAN-PRD. La misma encuesta señala que si los candidatos fueran Josefina Vázquez Mota, por el PAN, y Alfredo del Mazo, por el PRI, habría una ligera ventaja de la primera.

Lo que viene es la definición de las alianzas y de los candidatos. La mitad del PRD busca la alianza con el PAN, pero falta que éste se mantenga unido. Otra mitad del PRD podría acabar apoyando al PRI. Morena podría ser utilizada como en Veracruz o Oaxaca, para dividir a la oposición. Los candidatos son relevantes: no es claro que el PAN pueda ganar si no es con Josefina. El PRI tiene demasiados candidatos, y aún se puede sumar Videgaray, si los rumores se confirman.

Perder Edomex es el fin de la hegemonía del PRI. Ganarlo es posponer un poco lo irremediable.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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