Opinión

Primer lugar en bullying, último en matemáticas


 
 
¿Qué hijos le vamos a dejar a este país?”, termina preguntando una de las piezas propagandísticas del gobierno sobre la reforma educativa. La pregunta es buena; las respuestas que sugiere la situación general del país no apuntan a un mejor futuro. Tendría que haber cambios más allá del sistema educativo.
 
En el sistema escolar (contenidos poco atractivos, malos maestros) está una de las causas de que más de la mitad de los alumnos de tercero de secundaria reprobara la prueba PISA de la OCDE en matemáticas.
 
Otra causa igual de importante, es que el entorno en el que vive la gran mayoría de los muchachos reprobados no propicia su concentración en el estudio, ni ellos ven que el esfuerzo pueda redundar en la mejoría de sus condiciones de vida.
 
Pobreza, violencia y reprobados coinciden en los mismos espacios de nuestra geografía. Antier, la CEPAL dio a conocer que la pobreza aumentó en México durante 2012, a diferencia del resto de América Latina. Y sin duda también se acentuó lo que es peor: la desigualdad.
 
 
Uno de los rasgos más inquietantes del presente es que los niños y jóvenes están rodeados por un ambiente de violencia casi indiscriminada que les está enseñando a ser adultos violentos.
 
Es muy significativo que México ocupe el primer lugar de la OCDE por acoso escolar en la secundaria. Y es que lo que sucede en las escuelas es reflejo de lo que ocurre en la sociedad y al interior de las familias.
 
 
Los maestros siguen viendo al “bullying” como juegos entre compañeros de escuela. No es juego. “Uno de cada seis jóvenes víctimas de bullying termina suicidándose”, asegura Francisco Castillo Alemán, de la dirección general de Prevención del Delito de la PGR.
 
La sensación y hechos de violencia que viven niños y jóvenes no sólo es la que proviene de la delincuencia contra la sociedad; también sufren la que surge en la vida familiar, en los abusos de hombres contra mujeres, en el barrio o colonia, en los transportes públicos y muchos otros frentes.
 
Basta recortar las noticias principales de los periódicos de noviembre y armarlas como un rompecabezas, para darnos cuenta de que la violencia, la impunidad y la corrupción baten sus propios récords.
 
Un botón de muestra: la cruz Roja de Ciudad Nezahualcóyotl atiende a 14 personas baleadas diariamente, cuando hace cinco años recibía a diez por semana.
 
Las causas detrás de tal violencia son múltiples; cuando la violencia abarca tantos aspectos de la vida colectiva, hay que valorarla como reacción desesperada de los perdedores ante una situación económica que no les ofrece futuro.
 
¿Qué y para qué estudiar?
En la edición 2012 de la prueba PISA -aplicada en los 34 países de la OCDE a estudiantes de secundaria (16 años), los mexicanos quedaron en último lugar en las tres áreas que mide: lectura, matemáticas y ciencias.
 
 
Cuatro de cada diez jóvenes que están por terminar la secundaria en México sabe leer, pero no comprende lo que lee y menos son capaces de aprovechar la información puesta en sus manos.
 
En matemáticas la situación es aún peor: 55 por ciento de alumnos no demostró tener capacidad para razonar operaciones aritméticas. Del resto, ni el uno por ciento alcanzó los niveles más altos, a los que sí llegaron 13 de cada 100 jóvenes de los demás países evaluados.
 
Al rehuirles a las matemáticas, los jóvenes pierden un recurso para desarrollar sus capacidades de pensamiento abstracto.
 
Un corolario es el menosprecio por la ciencia. Raramente se encuentra quien le tenga aprecio a la inventiva, al conocimiento y a sus aplicaciones.
 
Así las cosas, la OCDE sobre estima, a mi parecer, el papel del maestro como el factótum de la posibilidad de mejorar resultados. Se requieren maestros mejor preparados, sin duda, pero no solamente.
 
El trabajo y el estudio están desprestigiados en México como medios de superación personal, al haberse cerrado los canales de movilidad social. Abrir esos canales es condición para fincar expectativas de superación mediante el estudio, como era hasta hace 30 años.
 
Dadas las condiciones de violencia a las que nos estamos acostumbrando, el nuevo pacto educativo tendría que poner énfasis en educar para la paz en la legalidad, la libertad y la responsabilidad.