Opinión

PRI y PAN, anclados al pasado

    
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Los tiempos y circunstancias son diferentes en cada sexenio. Por ello, pretender definir al candidato de cada partido conforme a reglas aplicadas en el pasado es un error que tendrá severas consecuencias para sus aspiraciones.

En el PRI los cálculos que se hacen tanto en la cúpula como en la casa presidencial están equivocados, al considerar que la definición de su candidato puede esperar para el último tercio del año y que en cuanto se tenga definición en este tema la maquinaría se encargará de hacerlo ganar.

Hay diversos factores que obligan a reconsiderar esta postura. El principal es que a diferencia de la elección presidencial anterior, en la que Enrique Peña Nieto ya traía la candidatura en la bolsa por lo menos dos años antes de los comicios, ahora no está a la vista un personaje que cautive al electorado, por lo que hay que construirlo a partir de una definición inmediata. Mientras ello no ocurra y se enreden en el galimatías demagógico que defiende el apotegma de que primero debe existir el proyecto y después el hombre, las posibilidades de éxito decrecen con el paso de los días.

Más allá de los argumentos que se esgrimen hasta la saciedad, como que la voluntad de la ciudadanía se inclina por la alternancia; que el hartazgo va en aumento; que el rechazo al presidente Enrique Peña Nieto, si bien ya no ha crecido, sí se mantiene en rangos negativos; que el posicionamiento de las redes sociales en la construcción de la agenda pública; que Morena alcanza un crecimiento notable entre el ánimo de la población, etcétera, lo primordial es que se tenga la lectura correcta de los tiempos y circunstancias para romper paradigmas y crear definiciones conforme a los nuevos retos. Esta debe ser una de las prioridades para el presidente Peña Nieto, si es que no quiere entregarle la banda presidencial a López Obrador.

Por el lado de los azules, ante la celebración de la sesión de la Comisión Permanente del PAN a celebrarse el día de hoy, están pasmados y paralizados. Los ciudadanos somos testigos de las pugnas internas que existen en el seno de ese partido, y en lugar de tener una candidato o candidata que sea capaz de unir a todos los militantes y construir una propuesta competitiva para la elección presidencial, se dedican a escupir para arriba.

A un año de los comicios, para muchos panistas la pérdida de tiempo es una espada de Damocles que cobrará varias víctimas; por ello exigen, por lo menos, la definición del procedimiento de elección interna del candidato; sin embargo, hay puntos de vista que prefieren alargar los plazos hasta que la liga se tense, sin importar que la escisión sea inevitable. Después de los resultados electorales alcanzados el año pasado por el PAN, el halo triunfalista parecía colocar a ese partido en una envidiable posición para recobrar la presidencia; sin embargo, después de este cuatro de junio, cuando perdieron el Estado de México y Coahuila, por pésimas decisiones de Ricardo Anaya, dieron un enorme retroceso en sus posibilidades de triunfo.

En cualquiera de los casos, tanto en el PAN como en el PRI tienen un timing diferente al que maneja AMLO rumbo a los comicios presidenciales, y eso es precisamente lo que miles de simpatizantes consideran una seria desventaja ante el indiscutible avance de Morena que, más allá de la derrota sufrida en la entidad mexiquense, lo cierto es que el crecimiento del partido de López Obrador es contundente y ahora sí, más que nunca, tiene enormes posibilidades de ganar la presidencia de la República.

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