Opinión

PRI, terapia intensiva

   
1
   

    

El PRI y el gobierno.

Por muy poco, el PRI se salvó de un golpe que pudo ser definitivo. Toda la fuerza del Estado apenas alcanzó para ganar por tres puntos la gubernatura más importante, por número de votos y por historia. En Coahuila, al momento de escribir este artículo, todavía no es claro quién ganó, así que sigo usando como referencia al conteo rápido y supongo que el PRI fue derrotado por poco. En ambos casos, el PRI perdió treinta puntos.

Las derrotas (o casi) de este año se suman a las de 2016. Entonces, perdieron siete de 12. Ahora, dos de tres. Perder nueve estados en dos años no es poca cosa. Si el año pasado, por primera vez en la historia, el PRI ya no tenía mayoría en gobernadores, ahora casi está empatado con el PAN en ese renglón.

En 2012, apenas hace cinco años, el PRI recuperó la presidencia, obtuvo mayoría en la Cámara de Diputados para su coalición, y empezó a recuperar estados que ya controlaba la oposición. Dos años después había sacado el conjunto de reformas estructurales más importantes desde la creación del TLCAN (y en cierta forma, incluso más importantes que en esa ocasión). Pero todo se derrumbó con mucha rapidez. Primero, por la matanza de Iguala, a la que reaccionaron con lentitud e indecisión, y acabaron asumiendo los costos; después, por las evidencias de enriquecimiento inexplicable, especialmente la 'casa blanca'. Aun así, el PRI logró refrendar su posición en 2015 como el partido más grande y con mayoría en diputados. En los siguientes dos años se desplomó. La causa, creo yo, es la aparición de Morena.

Si comparamos las votaciones de 2016 y 2017 con las inmediatas anteriores en cada uno de los 15 estados, la pérdida del PRI es de casi 20 puntos. Morena inicia en 2015 con 8.0 por ciento de votación nacional, la eleva a 14 por ciento en 2016, y llega a 16 por ciento en 2017. Estos dos últimos años no hubo elección nacional, de forma que ese porcentaje está sobreestimado, pero no afecta el análisis. Lo que está ocurriendo, me parece, es que los votantes más tradicionales y nacionalistas del PRI, y una parte del sistema clientelar, se lo está llevando Morena. Como ayer decíamos, este partido obtuvo parte de su caudal del PRD, al que le quitó tal vez la mitad de sus votantes. El resto lo cosecha del PRI. No todos los 20 puntos perdidos por el PRI van a Morena, pero es posible que la mitad tengan ese destino.

No hay razón para considerar que esta pérdida se repita a nivel nacional en la elección de 2018. Si así fuese, el PRI obtendría 18 por ciento, incluso peor que el 26 por ciento de Roberto Madrazo en 2006. Tal vez no se llegue a una caída de ese tamaño, pero me parece indudable que hay un trasiego de cerca de 10 puntos porcentuales del PRI hacia Morena. Esto no tiene nada de extraordinario, si vemos que AMLO ha obtenido 12 puntos más en las presidenciales que su coalición en las de medio término: eso vale López Obrador por sí mismo. No es poca cosa.

Con base en los resultados recientes, estimando estado por estado, todo indica que el PRI se mueve hacia una votación cercana a 28 por ciento para 2018. Esto es diez puntos menos que en 2012. Estos diez puntos que pierde no son la transferencia tradicional a AMLO, que en 2012 sí participó. Es la pérdida adicional ocurrida durante este sexenio como resultado de una corrupción más profunda y más evidente, de una economía nada espectacular y del fracaso en inseguridad. Y como nada de eso va a resolverse en los próximos doce meses, por eso creo que podríamos estar presenciando la agonía del PRI.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

También te puede interesar:
El triunfo del PRD
Victoria del PAN
Un futuro extraño