Opinión

PRI, semana para olvidar

La semana pasada quedará registrada en la memoria priista como una de sus peores pesadillas.

Comenzó con el vergonzoso escándalo que coloca al impresentable Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre como cerebro y beneficiario de una red de prostitución y trata de mujeres con cargo al presupuesto del PRI. Terminó con la sorpresiva captura e interrogatorio a Jesús Reyna García, hasta ayer secretario general de Gobierno de Michoacán y exgobernador interino.

Hay muchas lecturas imprescindibles a la decisión presidencial de ir tras Jesús Reyna García, una vez que se tuvo los indicios suficientes.

Eran varios los señalamientos contra Reyna García. Ahora resulta podrían ser ciertas las acusaciones de Luisa María Calderón, excandidata panista a gobernadora de Michoacán, cuando aseguró que el narcotráfico operó para favorecer al PRI en las elecciones. El problema es que lo dijo a destiempo -cuando ya había perdido la votación- y sin pruebas.

José Manuel Mireles, líder de las autodefensas de Tepalcatepec, fue más claro y directo. Dijo sin tapujos que Jesús Reyna García era ‘templario’. El problema es que Mireles no goza de la suficiente confianza y credibilidad ante el gobierno.

Las sospechas contra Reyna García se alimentaban porque su esposa es hermana de la esposa de Servando Gómez Martínez, alias ‘La Tuta’. Sin embargo, ahora hay indicios sólidos, obtenidos luego de la caída de Enrique, ‘El Kike’ Plancarte, que lo ubican en dos reuniones con Servando Gómez Martínez, ‘La Tuta’, y Nazario Moreno, ‘El Chayo’. Supuestamente habría pactado con ellos la protección del gobierno estatal. Dicho de otra forma, Reyna García sería el jefe político de Los Caballeros Templarios.

No recuerdo a ningún funcionario estatal de tan alto nivel y en ejercicio de sus funciones que haya sido detenido, presentado, interrogado y arraigado por presuntos nexos con el narco. El antecedente más cercado es el de Mario Villanueva Madrid, quien fue capturado y encarcelado una vez que dejó la gubernatura de Quintana Roo.

En el otro escándalo tricolor, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, presidente con licencia del PRI en el DF, parece tener las horas contadas antes de ser expulsado del partido del presidente Peña Nieto. Sus antecedentes apestan más que el tiradero de basura de donde salió y se hizo rico. Sin embargo, si el PRI quiere salir lo menos golpeado posible de ese asunto, tendrá que permitir, e incluso promover las denuncias e investigaciones judiciales necesarias contra Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre. No hay otra opción.

Por cierto...

Parece que Joel Ortega, director del Metro, regresó a la vieja práctica de la traición política que conoce tan bien. A raíz del fiasco de la Línea 12 en el que está involucrado, quiere garantizar su permanencia en el gobierno del DF amenazando, difamando y chantajeando. Difunde por todas partes que tiene un expediente privado contra Luis Serna, el secretario particular de Miguel Ángel Mancera. Sin embargo, ignora que Serna goza de la confianza plena del jefe de gobierno, quien considera que su honorabilidad resiste cualquier prueba.

Hasta el miércoles.