Opinión

PRI, negrísimo panorama

    
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¿Está perdido el PRI?. (Especial)

El PRI celebrará su Asamblea Nacional el próximo sábado 12 de agosto. Los tiempos no le son favorables. La encuesta de Reforma, del pasado 23 de julio, contiene datos alarmantes: Morena, 28 por ciento; PAN, 23 por ciento y PRI, 17 por ciento. Pero además, 80 por ciento de los entrevistados quiere un cambio de gobierno.

No son pocos los priistas que minimizan la situación: a) cuando tengamos candidato, argumentan, las preferencias se incrementarán; b) la estrategia del Estado de México se puede repetir y abrirnos una ventana de oportunidad.

Sin embargo, si se compara el panorama presente con lo ocurrido hace seis años, se constata que los priistas enfrentan uno de los mayores retos de su historia. En 2012 el PRI se presentó con un capital real:

1. Fue el partido impulsor de las reformas económicas y políticas que transformaron el país entre 1982 y 2000.

2. Fue el partido que entregó pacíficamente el poder y facilitó una transición aterciopelada. De Baja California, en 1989, a la elección de Fox, reconoció una y otra vez sus derrotas.

3. Las reformas políticas sucesivas crearon una institución confiable, el IFE, y condiciones equitativas de competencia electoral.

4. Importaba poco si los priistas eran demócratas de convicción u oportunidad, lo relevante era que sabían que el cambio no se podía postergar ni detener.

A esos elementos se sumaron otros activos –de la era de la alternancia– reales e imaginarios. Entre los reales estaba su comportamiento institucional cuando AMLO quiso impedir la toma de posesión de Felipe Calderón. Y entre los imaginarios: la nueva generación de gobernadores priistas que se decía educada en la cultura y prácticas democráticas. Votar por ellos era votar por el nuevo PRI.

Pero además había dos factores adicionales: Peña Nieto enarboló un programa de reformas estructurales, que el PAN había intentado consumar sin éxito, y era claro que sólo un presidente priista tendría la capacidad de mover al partido en esa dirección. En 2012, la mayoría de los estados eran gobernados por el PRI.

Por el lado del PAN, partido en el poder, la situación era de completo desgaste. El cuadro lo completaba el estado lamentable de la izquierda y su candidato. López Obrador había quemado sus naves en la intentona de impedir la toma de posesión y en el patético show de la presidencia legítima.

Dado ese panorama, lo raro no era que Peña Nieto pudiera ganar la elección presidencial, sino que la hubiese perdido. Hoy, la situación es abismalmente diferente. Es cierto que la tarea fue efectuada con éxito. El Pacto por México fue una estrategia audaz y efectiva. Nadie lo puede regatear. Pero en lo demás el balance es negativo o muy negativo. Enumero:

1. La nueva generación resultó peor que el priismo tradicional. Sus excesos, cinismo e impunidad no tienen precedente.

2. Hubo un impulso restaurador, como si se pudiera volver a prácticas del pasado, inoculado de la vieja cultura priista mexiquense.

3. La corrupción se expandió en todos los órdenes, desde la cabeza, con los famosos conflictos de interés, hasta la base. Pero los gobernadores han sido, sin duda, los más pillos y abusivos.

4. La seguridad y la violencia no fueron atendidas. Se trazó una estrategia de minimización, que ha terminado zarandeada por los índices de asesinatos e inseguridad.

5. Se menospreció sistemáticamente la realidad. El gobierno federal no sólo ha sido incapaz de corregir sus errores, sino incluso de reconocer que los ha cometido.

6. A contrapunto de la elección del Distrito Federal en 1997, los comicios del Estado de México figuran ya como precedente, ensayo y destino. La divisa: mantener el poder a toda costa.

7. Se golpeó innecesariamente a las clases medias y bajas con la famosa 'reforma tributaria'. El director del SAT se convirtió en un personaje emblemático del gobierno: perseguía sin tregua a los informales e ignoraba el saqueo de los gobernadores.

8. Y, por si todo lo anterior fuera poco, el PRI no cuenta, por primera vez en la historia, con la mayoría de los gobiernos estatales.

Así que ante este panorama, cabe formular dos preguntas elementales: ¿Por qué el PRI debería estar en otro sitio que no fuera el tercer lugar en las preferencias electorales? Y finalmente: ¿Existe un candidato
–santo o mago– capaz de efectuar el milagro de transformar el fango en oro?

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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