Opinión

PRI, en todos lados

    
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Asamblea Nacional del PRI (Magali Juárez)

Hace algunos años cuando el PRI detectó que su escuela estaba dando frutos en los partidos adversarios, recurrió a la estrategia de acusarlos de ser lo mismo. En efecto, como el PRI tiene negativos muy altos y es un partido identificado con la corrupción, su labor de limpieza de imagen es casi imposible, entonces lo que le queda hacer, y lo ha hecho acertadamente, es ensuciar a los demás, igualarlos, meterlos al lodazal y conseguir la famosa sentencia: “todos son iguales”. Por supuesto ha contado con la entusiasta participación de los partidos que se le oponen.

Todos los partidos están llenos de expriistas. Las prácticas de los partidos son absolutamente priistas. El panismo en lugar de conservar las normas que le permitieron resistir 60 años, comenzó a adoptar todo tipo de mañas y maniobras. El poder, como a cualquier partido, lo trastocó, no supo adaptarse ni controlar sus formas. Empezó a copiar modos y dichos. Con el crecimiento llegó la mediocridad. Uno veía panistas que admiraban fervorosamente a Manlio y a Gamboa. Su comportamiento con los medios de comunicación no se distinguió en nada. En los lugares que gobernaba el panismo el desencanto llegó a pesar de que los ciudadanos les dieron dos y tres oportunidades. Lo que indigna a los ciudadanos es la corrupción y en el PAN, muchos terminaron, efectivamente, “siendo iguales”. Cuando venía el regreso del PRI en varios estados, Germán Martínez, que era presidente del PAN, ubicaba el problema de la siguiente manera: “si la gente va a a votar por un corrupto, pues prefiere votar por el original”.

El PAN con sus triunfos entró en una dinámica de ganar por ganar. Y entonces llegaron los priistas. Si se peleaban en su partido o no les daban la candidatura, se pasaban al PAN que los recibía feliz de la vida y les premiaba sus mañas con las candidaturas y se volvieron personajes blanquiazules. Hábiles para el trato, los expriistas se fueron haciendo de los puestos de poder en el partido. La Comisión de Doctrina del PAN es encabezada por un expriista, la Comisión Política también la encabeza un expriista. Falta ya casi nada para que sea dirigido alguien que pasó años en el PRI combatiendo al PAN.

El proceso de priización de PAN y PRD ha sido creciente desde el año 2000. Morena nunca ha enfrentado ese proceso porque literalmente es una copia del PRI de los setenta, así fue fundado y no es extraño porque su líder, Andrés Manuel López Obrador, fue priista muchos años.

En el PRD la mayoría de sus presidentes han sido priistas. Las mañas priistas en ese partido hicieron doctrina; la corrupción y el agandalle son de uso cotidiano en el perredismo. Cuando López Obrador dejó ese partido ya el declive era inevitable. La colaboración con el gobierno de Peña los acabó de mimetizar con el priismo y perdieron sus banderas. Mientras negociaban con el líder del priismo, AMLO los arrinconó en la componenda y entreguismo. Luego vino el caso Iguala con su ola de crímenes en un estado gobernado por perredistas. Y desde entonces no levantan la cabeza. Sorprendentemente su supervivencia depende del PAN, por eso el Frente les es indispensable y el líder panista parece dispuesto a pagarles lo que sea, aunque valgan cacahuates.

No alego pureza de nadie –la política no es el terreno de los puros– pero no deja de sorprender la mimetización de los partidos. La cultura priista está en el centro de todos los partidos. El colmo puede ser que en la boleta compitan un expriista de años, como López Obrador, y por el PRI vaya uno que nunca ha militado en ese partido.

Twitter: @JuanIZavala

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