Opinión

Préstamo blando

De seguir las cosas como van, Gil podría descubrir antes de la cena de Navidad que el amplísimo estudio con el mullido sillón fue adquirido (ah, la voz pasiva) con un préstamo de la empresa Bienes Raíces H&G, propiedad de Juan Armando Hinojosa, también dueño de Grupo Higa. El señor Hinojosa presta bien y bonito, no sería raro que la desmemoria de Gamés hubiera borrado de sus circunvoluciones cerebrales el día en que Juan Armando le dijo a Gilga: yo te presto para tu amplísimo estudio y me pagas como vayas pudiendo; o, si quieres, me pagas unas cómodas mensualidades durante 36 años, 10 meses, pero ni un día más.

Presta bien Juan Armando y, sobre todo, a cambio de nada más que del placer que le provoca el préstamo blando. Por cierto, Gamés soñó que el precio de la mezcla mexicana se estabilizaba en cinco dólares el barril y que así iniciaba Gamés su trayectoria como modesto empresario petrolero. Al despertar, Gilga derramó dos lágrimas por nuestro postróleo, que así se llama el otrora (gran palabra) oro negro.

Luis Videgaray compró la casa de Malinalco en octubre de 2012 cuando recibió un préstamo de H&G por 581 mil dólares. Según de The Wall Sreet Journal, la casa mide 850 metros cuadrados y fue construida (ah, la voz pasiva) en un club de golf a las afueras de Malinalco. El secretario de Hacienda ha dicho que no había sido nombrado en ese momento y que, en consecuencia, no hay ilegalidad alguna ni en el préstamo ni en la adquisición. Videgaray pagó en 2014 el préstamo de un golpe o como dicen a quienes les gusta el eufemismo: en una sola exhibición. Juan Armando: aquí te pago lo que te debo; como dice el refrán, amistades largas y cuentas claras, ¿o cómo era? 

Pequeño problema

El escándalo reventó en la plaza pública como un petardo de los grandes. Si Gil le quita toda suposición al asunto, si erradica la suspicacia, si expulsa a la desconfianza, mju, le queda un pequeño problema: el señor Juan Armando Hinojosa participó directamente en los tratos y retratos de la "casa blanca" de Angélica Rivera y ha sido un activo contratista en el Estado de México durante el gobierno de Peña Nieto, además de que ganó y luego desganó, o como quieran llamarle, junto con los chinos, la licitación del tren México-Querétaro. ¿Cómo nos quitamos eso de encima? No hay forma. El mismo empresario aparece en operaciones de préstamos y compra venta de casas y terrenos de la familia del presidente y de un miembro conspicuo de su inner circle. Aigoeei. Hay asuntos que sólo aceptan una clase de explicación y éste parece ser uno de ellos.

En Nueva York, Luis Videgaray se reunió con inversionistas, ejecutivos y analistas de bancos de inversión y agencias calificadoras de riesgo. Gil lo leyó en su periódico Reforma: según un informe interno de un banco de inversión de Wall Street, el escándalo de la "casa blanca", la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa, el desplome de los precios del petróleo y la acusaciones de corrupción son las principales causas del desánimo de los inversionistas nacionales y extranjeros.
Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y dijo una palabra definitiva y no exenta de profundidad: pusí.

Palabrotas

Gil lee cada semana a Juan E. Pardinas en su periódico Reforma, sus contribuciones suelen ser de fuste y fusta. Oigan esto: “La corrupción y la democracia pueden coexistir en un equilibrio imperfecto. Sin embargo, ni las libertades del mercado, ni los derechos inherentes de un régimen democrático pueden sobrevivir en el ecosistema de una cleptocracia”. Tan bien que íbamos: ¡cleptocracia! ¡Canastos! Gobierno del robo.

Gamés recordó a Juan de Mairena, el alter ego de Antonio Machado, e inventó esta escena: ponga usted en lenguaje poético la siguiente frase: vivimos en una cleptocracia. El joven caminó pensativo y escribió en el pizarrón: Que hay mucha corrupción en el gobierno.

La máxima de Schopenhauer espetó en el ático de las frases célebres: “La cólera no nos permite saber lo que hacemos y menos aun lo que decimos”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX