Opinión

Prepárate, anticipando los éxitos

 
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Jordan anunció también que donaría un millón de dólares a dos grupos de derechos civiles. (AP/Archivo)

Nadie lo duda: todos queremos tener éxito. Deseamos realizar bien nuestros planes, queremos triunfar en las labores que emprendemos.

Pero ¿podemos asegurar el éxito? Hay quienes piensan que el éxito es cuestión de suerte, como si el que las cosas salgan bien (y no sólo bien, sino muy bien) dependieran de factores misteriosos y desconocidos.

El éxito, aseguran los expertos, no es producto de la casualidad. Es más bien producto de la causalidad, es decir, tiene causas. Se trata de causas buscadas y hasta provocadas por quien quiere tener éxito.

Éxito y suerte. El éxito tiene poco, o muy poco que ver con la suerte.

“La suerte —decía un viejo amigo mío— la reparten en el Periférico a las seis de la mañana”. No me especificó en qué cruce, pero sí me dijo que quien se levanta con gusto a trabajar y madrugando para evitar el tráfico 'encuentra' la suerte. Más específicamente se pone en posición de aprovecharla, sino es que la genera su propio modo de actuar.

Anticipar, anticipar y seguir anticipando. “El éxito —aseguraba el famoso general estadounidense Douglas MacArthur— es hijo de la anticipación”. No se trata de tratar de anticipar lo que hay que hacer y revisar que suceda, lo cual ya en sí sería muy bueno. Se trata también de anticipar lo que podría salir mal. Rafael Sosa, uno de mis colegas profesores, lo afirma categóricamente: “Cuando planeo eventos, siempre le dedico tiempo de preparación a anticipar lo que podría salir mal. Con ello, me aseguro no sólo de hacer lo que conviene, sino también de estar prevenido para eventualidades negativas, que en principio no siempre son evidentes”.

Cuidando los detalles. “El Diablo está en los detalles”, asegura el filósofo alemán Friedrich Nietzche (1844-1900). Para que algo salga mal —que sería la voluntad del Diablo— basta con no poner atención en los detalles. Uno o dos tropezones por descuidar los detalles, y las cosas saldrán mal. Tal y como lo asegura aquel verso, atribuido a Benjamín Franklin, que hace referencia a la derrota de Ricardo III en Bosworth, y que William Shakespeare inmortalizó en su famosa tragedia Ricardo III.

En ésta, el monarca exclama al ser cercado por sus enemigos: “¡Mi reino por un caballo!”. Sucede que por apresurar al herrero faltó un clavo en una de las herraduras. Por falta de un clavo se perdió una herradura. Por una herradura, un caballo. Por un caballo, una batalla. Por una batalla, un reino. ¡Y todo por falta de un clavo de herradura!, un pequeño detalle…

Visualizar el éxito. Hay estudios que demuestran que los grandes atletas se 'visualizan' en su momento de triunfo, mucho antes de obtenerlo. Michael Jordan se veía a sí mismo encestando y ganando partidos. Tiger Woods se imaginaba levantando la copa de campeón del torneo de golf. Pelé se visualizaba anotando goles. Lo mismo sucede con los artistas. Hay concertistas que se ubican mentalmente en una sala de conciertos, ejecutando impecablemente una partitura difícil, y recibiendo después un fuerte aplauso del público. Viktor Frankl, neurólogo y psiquiatra austriaco, aseguraba en su libro El hombre en busca de sentido que en el terrible entorno de los campos de concentración —que sufrió en carne propia— los prisioneros que sobrevivieron eran los que se visualizaban haciendo algo después de haber salido del campo. El propio Frankl se veía a sí mismo dando conferencias en auditorios repletos (y sobrevivió).

Planeación y éxito. Napoleón, afirman sus biógrafos, reconocía con frecuencia que sus batallas nunca salían como las había planeado, pero también aseguran que preparaba meticulosamente sus batallas. A pesar de no salir como las había planeado, la mayoría de las veces salían bien, salía victorioso. ¿Por qué? Por la atención y cuidado que ponía en prepararlas tan minuciosamente —como en todo ejercicio de planeación— que se cuestionaba muchas cosas y se preparaba para eventualidades que la planeación le había permitido prever.

Aunque el éxito se llama hijo único de la suerte: anticipar, planear, cuidar los detalles, tener buena actitud, ayudan a obtenerlo.

El autor es profesor del Área de Política de Empresa (Estrategia y Dirección) en el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE) y Director de Programas In-company en la misma institución.

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