Opinión

Prepararse para 2017, todo un arte

 
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Facciones. Desesperación. Rostros. Preocupación. (Reuters)

Se acerca 2017. Parece que fue ayer que celebrábamos la llegada de 2016, un año cuyo tema musical bien pudo haber sido la canción “Sorpresas te da la vida”: el Brexit, el referéndum en Italia, la elección de Trump, las elecciones en México. En la puerta está 2017, así que hay que prepararnos.

No se trata de un tema trivial, pues precisamente de ello depende el éxito o fracaso de nuestras empresas. Estar preparados nos permite adaptarnos mejor ante un entorno cada vez más cambiante.

Recordemos la ley de Darwin: no son los más fuertes, los más grandes, ni siquiera los más inteligentes los que sobreviven; sobreviven los que mejor se adaptan. Algunos puntos al respecto:

Proactividad, anticiparse. El tema es tan importante que Stephen Covey lo marca como una de las características de la gente sumamente eficaz —en su afamado best-seller: “Los 7 hábitos de la gente altamente eficaz”—. Hasta el recientemente fallecido Andy Grove, uno de los fundadores de Intel, lo plasma en el título de su autobiografía “Sólo los paranoicos sobrevivirán” con lo que quería dar a entender que constantemente había que estar pensando quién es el que va a acabar con nosotros, como si padeciéramos el delirio de persecución propio de los paranoicos.

Prepararse lleva tiempo que es un recurso. Además de requerir tiempo, es una actividad que muchas veces no es urgente. Y como a veces nos la pasamos resolviendo urgencias, cuando no hay urgencias tendemos a bajar la guardia y tomárnoslo con calma. Grave error. Esos momentos de calma deben ocuparse para atender lo importante (que no siempre, es más, casi nunca, es urgente) invertir en aprender, en capacitarse, en preparar lo que necesitaremos, en pre-llenar las formas, en ordenar el sitio de trabajo, en tener en orden papeles, licencias y permisos que pensamos serán necesarios, es algo que lleva tiempo, pero que nos permitirá estar preparados para lo que venga, cuando ya no haya ese tiempo. Es paradójico, pero tener las cosas arregladas y en orden nos liberan para ser creativos e innovar.

Prepararse significa desarrollar capacidades, adquirir habilidades, hacerse de recursos. Prepararse es una actividad seria, que pide dedicación. Aprender es adquirir conocimiento, es desarrollar y ejercitar habilidades (como un deportista). Lleva tiempo, rutinas, ejercicio.

También es hacerse de recursos, con orden, pensando en el objetivo, desechando lo que estorba o quita tiempo. Prepararse es desarrollar capacidades.

Prepararse significa pensar en “escenarios”. Muchas veces el enemigo es desconocido. No sabemos qué va a pasar, por eso, es tan importante pensar en cosas que probablemente podrían pasar. Ponernos en el contexto de “que pasaría si…” nos permitirá identificar acciones que debemos emprender para estar preparados. Además, considerar diversos escenarios nos permite darnos cuenta de que el futuro no será una mera continuación o proyección del presente: habrá rupturas, habrá cambios fuertes, difíciles de predecir o visualizar si no ponemos un esfuerzo para analizar los posibles escenarios.

Prepararse resulta más importante, y a la vez más difícil, especialmente en los tiempos turbulentos en que vivimos. Cuando vamos en un río con corriente mansa, podemos adaptarnos fácilmente y navegar, pensar en otras cosas, no usar todos nuestros recursos, dejándonos llevar plácidamente. En cuanto entramos en aguas turbulentas se requiere de toda nuestra habilidad (cerebral y muscular) para salir adelante. Los tiempos que vivimos ahora son más parecidos a esos ríos de aguas turbulentas.

Prepararse es planear. Y aquí volvemos a ensalzar “el plan”. Preparar el plan nos permite anticipar mentalmente lo que hay que hacer para estar preparado. (Napoleón afirmaba que ninguna de sus batallas había salido conforme al plan que él había preparado, y eso que las preparaba meticulosamente… y las ganaba). Preparar el plan nos obliga a formularnos (y respondernos) preguntas difíciles. Nos obliga a mirar hacia el futuro y a mirar hacia fuera. Nos pide comunicarnos con nuestro equipo; todo ello, para estar mejor preparados.

Estar preparado no es improvisar, es reaccionar con conocimiento. No es saber cuándo se presentará un imprevisto, pero sí saber actuar cuando esto suceda. Implica también tener la habilidad de tomar decisiones bajo presión, apoyado en capacidades desarrolladas con cuidado. Es, en resumen, estar preparado.

Ser profesional. Un profesional lo es —usamos el término en ambos sentidos— primero porque ejerce alguna profesión, y segundo porque lo que hace lo hace con profesionalismo, hace las cosas bien y a la primera. ¿Qué características tiene? Está siempre orientado a la solución, se involucra apasionadamente en lo que hace, no compromete principios ni valores y le interesa más el “ser” que el tener.

En resumen una persona que está preparada, quizá no sepa con certeza lo qué le depara el destino, pero será capaz de tomar decisiones de calidad cuando se requiera; decisiones que tendrán una buena probabilidad de ser correctas. Estar preparado hará la diferencia…, así que preparémonos para 2017.

El autor es Profesor del Área de Política de Empresa (Estrategia y Dirección) en el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE) y Director de Programas Incompany en la misma institución.

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