Opinión

Preocupante reforma en materia autoral

 
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El pequeño libro rojo

La reciente reforma practicada a la Ley Federal del Derecho de Autor para facilitar a personas con discapacidad el acceso a obras protegidas, una vez más incurre en fallas lamentables. En lugar de tener una enmienda de ley ajustada a lo establecido por el tratado internacional que le da origen, el afán de protagonismo de nuestros legisladores la ha llevado al terreno de la desproporción. Hay que recordar que a mediados del año pasado nuestro país suscribió el llamado Tratado de Marrakech, cuyo propósito fundamental consiste en estimular la producción de obras destinadas a invidentes y débiles visuales, que por ser un mercado limitado resulta poco atractivo por su baja rentabilidad para las industrias de la cultura.

Tanto la producción de obras en lenguaje Braille como los llamados audiolibros y otras nuevas plataformas computacionales, representan altos costos que no pueden ser cubiertos por mercados no masivos. Al liberar a los que produzcan las obras de la necesidad de pagar regalías a los titulares, los costos y el acceso se reducen y simplifican, lo que resulta en un estímulo para comercializar este tipo de obras. Bajo esta premisa, la necesidad de la reforma interna se imponía como urgente, atendiendo al beneficio que casi 5 millones de personas afectadas de alguna limitación visual en el país recibirían.

Sin embargo, por razones inexplicables, solo imputables a la falta de entendimiento en el Congreso de los alcances de una reforma de este tipo, la instrucción del Tratado se desvirtuó y se convirtió en una limitación que alcanza a toda clase de obras artísticas y literarias para personas con discapacidad.

Ello plantea un enorme riesgo, por cuanto, al amparo de la amplia definición de “discapacidad”, por ejemplo, de la Organización Mundial de la Salud, obras destinadas a personas con una disfunción motriz podrán calificar para ser exentadas de cubrir tasa alguna por derecho de autor. ¿Quién o como podrá controlarse ese mercado? ¿Cómo podrán evitar que obras inicialmente producidas con ese fin arriben posteriormente a otros mercados? Pero lo más importante, entendiendo claramente la vocación de una reforma que pretende favorecer la producción de obras para débiles visuales por los costos implícitos en su producción, como se conecta ese tema con poner a disposición de discapacitados motrices o auditivos obras que no deben ser modificadas en forma alguna.

En cambio, en relación a la obligación asumida por México en el Tratado, consistente en armonizar las limitaciones a los derechos de autor para favorecer el intercambio transfronterizo de obras entre organizaciones de apoyo a débiles visuales, la reforma es silente.

Otra tendencia preocupante es la liberalidad con la que, a partir del “must carry must offer”, empiezan a gestarse propuestas que limitan los derechos de autor por razones “de interés público”, olvidando que la protección dispensada a éstos es, precisamente, de esa naturaleza, con independencia del rango que como derecho fundamental se ha reconocido al vínculo que surge entre un autor y su obra.

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