Opinión

Preocupación en las Fuerzas Armadas

1
    

    

Desde temprana hora, el Zócalo capitalino fue acordonado por fuerzas federales. (Edgar López)

Por lo que se ha leído y escuchado en días recientes, el aniversario 102 de las Fuerzas Armadas no será sólo sonrisas y miel sobre hojuelas, porque hay inquietudes fundadas en el Ejército y la Marina por el mal trato que han recibido.

No se refieren al presidente, hacia quien hay respeto y lealtad en su calidad de comandante supremo y jefe de las instituciones, sino al Congreso, gobernadores, miembros del gabinete y organismos civiles.
Luego de escucharlos, queda claro que hay un enfriamiento de las relaciones entre las Fuerzas Armadas y representantes del poder político.

En una reunión privada, pero a la que asistieron cerca de 100 personas, integrantes de las Fuerzas Armadas, comentaron que han sido objeto de descortesías y chismorreos, a pesar de realizar tareas que los civiles no han sido capaces de llevar a cabo.

Los tienen haciendo funciones de policías, sin un marco legal que los proteja.

Y si hacemos lo que nos mandan a hacer, quedamos vulnerables, dijo una fuente.

Resulta inconcebible que desde el inicio del sexenio anterior al Ejército y la Marina se les haya pedido intervenir en la lucha contra las pandillas y cárteles del narcotráfico, sin haberlos dotado de lineamientos jurídicos para realizar sus acciones.

Ahora cualquiera puede acusar a las Fuerzas Armadas de hacer labores ajenas a sus propios fines, porque los civiles, es decir los políticos, se lo piden.

Se lo piden al Ejército y a la Marina porque las policías municipales y estatales están infiltradas por el narcotráfico, y en ocho años no se ha podido crear una policía federal numerosa y confiable que reemplace a las Fuerzas Armadas en las tareas de persecución de delitos contra la salud.

Hay preocupación, y no menor, porque se ha ofrecido a los representantes de los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa que revisen los cuarteles del Ejército para que vean que ahí no están presos los estudiantes.

Eso es una afrenta considerada, con razón, inaceptable. Entre los padres y “asesores” de los padres vienen miembros de la guerrilla, de la CETEG y cercanos al grupo criminal Los Rojos.

¿Cómo es posible que se permita el acceso de delincuentes a los cuarteles?

Van a revisar, hacer mapas, querrán volver a hacer excavaciones, tomar fotografías y dejar ante los ojos del mundo a nuestro instituto armado como un cuerpo de asesinos, que no lo es.

Es decir, por un lado se les pide al Ejército y a la Marina que combatan a los delincuentes porque las policías y el poder civil no tienen la capacidad de hacerlo. Y en lugar de darles las gracias se les maltrata y pretende someter al escarnio público por realizar tareas para las cuales no están cabalmente facultados.

Como si todo lo anterior no fuera suficiente para causar malestar en las filas del Ejército y Marina, se anunció un recorte presupuestal a las Fuerzas Armadas. Algo insólito.

O sea: Ejército y Marina combatan al narco. Si hay una denuncia por excesos se les va a creer primero a los delincuentes, y ustedes tendrán que pedir perdón. Abran sus cuarteles para que los humillen. Además cuiden mares y litorales, las montañas, las ciudades y los estados donde los gobernadores no hacen absolutamente nada porque están ocupados –muchos de ellos– en hacer negocios. ¡Ah! Y van a tener menos presupuesto.

Sí, hay inquietud en las Fuerzas Armadas.

Twitter: @PabloHiriart

También te puede interesar:
¿Qué le celebra el PRD a Camacho?
Los redentores de los pobres
Doblegados por la CNTE