Opinión

Prensa: de los chayotes
a los tlacoyos

    
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Camarena

En la agenda de la alternancia mexicana no hay tema más rezagado que el de los medios de comunicación. Es el gran pendiente de nuestra transición. Se mire por donde se mire, todos los sectores pueden presumir avances, mayores o menores, pero los medios no. En sus resortes internos, y en sus mecanismos de relación con otros agentes sociales, en la prensa nos parecemos demasiado a los que éramos a inicios de los noventa. Nomás que a colores, y con portales en Internet.

Los que exigimos a los distintos poderes comportamientos modernos y democráticos, ¿nos conducimos a la altura de lo que pedimos a otros?
Demandamos transparencia, pero no existe en el país un índice público, auditable, de la medición de los tirajes de diarios y revistas; ni ratings que no puedan ser puestos en duda (para el caso de la radio), e incluso hay controversia sobre cómo medir el desempeño de los portales web.

Somos el dedo flamígero que señala la corrupción de políticos y empresarios, pero son realmente excepcionales los medios y los periodistas que declaran en alguna coyuntura sus conflictos de interés. El lector, el escucha, las audiencias pues, pocas veces saben por qué unas cosas se cubren y otras no.

Si algún actor social no paga a sus trabajadores lo debido, si vulnera derechos laborales o humanos, será exhibido. Si en un diario hacen a las candidatas a integrarse a la redacción pruebas de ingravidez, nadie dirá nada al respecto. Si un periodista es despedido a contrapelo de lo que digan las leyes, no habrá medio que cubra ese atropello.

Y de rendición de cuentas, de tener en cada medio un ombudsman, de cumplir debidamente el derecho de réplica, de eso ni hablar.

Etcétera.

La prensa vocifera (vociferamos) en la calle, y luego hace (hacemos) en casa, en general, otra cosa muy distinta.

Y están, aunque no tengan nada de nuevo, también los casos de abierta extorsión.

Un operador priista contaba hace tiempo que cuando comenzó la campaña electoral de Eruviel Ávila, a las oficinas del PRI se acercaron 300 “medios de comunicación” del Estado de México a vender publicidad. Dignos de ese nombre, de seguro, no había ni 20. Los demás, pasquines –impresos o digitales– de ocasión.

Por todo lo anterior, ya se había tardado en salir dentro de esta temporada de videoescándalos la filtración que involucrara a algún medio o periodista. Llegó desde Puebla.

Arturo Rueda es un periodista poblano conocido en la capital de la República, en donde ha realizado estudios. Dirige la publicación Cambio. Y ha sido pillado en una situación embarazosa (aunque en el video no se le ve nada mortificado o incómodo). Aquí una nota y el video del chantaje, donde se aprecia la burda negociación en la que Arturo regatea con Jorge Estefan Chidiac, candidato del PRI a una diputación federal. Cuando éste habla de pagar un medio millón por el video que el periodista tiene en su poder, Rueda responde en medio de risas que por quién lo toma: “no seas mamador, Jorge, si no vendo tlacoyos”.

¿Cuántos hacen lo mismo que Arturo? Imposible saberlo. Lo cierto es que no es el único. No seamos tan hipócritas.

En mayo de 2015 la prensa ha sido noticia, por los chayotes (sobornos) que repartía hace unas semanas el líder del sindicato ferrocarrilero, por estos tlacoyos poblanos. Qué adelantados vamos en el gremio.

Twitter: @SalCamarena

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