Opinión

Premios Nobel en favor de la niñez

Víctor Manuel Pérez Valera.

Profesor emérito de la Universidad Iberoamericana.

Han sido proclamados premios Nobel de la Paz la pakistaní Malala Yousatzai y Kailash Satyarthi. El espíritu de Gandhi no ha muerto. Kailash Satyarthi siguiendo los métodos del Mahatma, ha luchado denodadamente para desterrar de la India y de otros países la explotación del trabajo infantil. Así como Gandhi abandonó su carrera de abogado para luchar por la independencia de la India, Satyarthi dejó su lucrativa carrera de ingeniero para dedicarse en cuerpo y alma a combatir la explotación del trabajo infantil, ante todo en la India, que es el primer país del mundo en abusar del trabajo de los pequeños.

Los resultados están a la vista: la cifra de niños explotados descendió de 250 a 168 millones. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer. Los que pensaban que la esclavitud laboral de la revolución industrial estaba superada, están muy equivocados. Algunos trabajos de los menores son dañinos para su salud, como el uso de pegamentos. En algunas fábricas se encontraron niños de 5 a 10 años. Las jornadas de trabajo en ocasiones eran de 12 a 14 horas seguidas.

Todavía más denigrante que el abuso laboral es el tráfico de niños y niñas. La cifra es alarmante, 30 millones de niños.

Según la OIT, uno de cada seis niños en el mundo es obligado a realizar trabajos dañinos para su salud física, mental o emotiva. El 70% trabaja en la agricultura, 8% en la industria, 8% en el comercio y 7% en los servicios. El resto, alrededor de 8 millones, son obligados a realizar actividades ilícitas: guerrillas, contrabando de drogas, prostitución y servidumbre.

En Asia y en América Latina son obligados a trabajar cerca de 21% de los niños. El trabajo infantil está legalmente prohibido, pero como hemos visto, su explotación persiste encubierta por la indiferencia, la apatía y la connivencia. Según algunas estadísticas del trabajo infantil en México, aunque ha disminuido de 3.6 millones a 2.7 millones, sigue siendo preocupante.

La niña Malala Yousafzai, que como todos sabemos fue herida de muerte por tratar de luchar en favor de la educación de las niñas en Pakistán, en su discurso ante la asamblea general de la ONU señaló que la lucha por un mundo mejor, se realiza con la educación. No se necesitan actos espectaculares, sólo un niño, un maestro, un libro y una pluma. En el Parlamento europeo enfatizó lo anterior: muchos niños más que juguetes sofisticados quieren un libro y un bolígrafo. Habría que entusiasmar a más de ellos para ir a la escuela. Así como todo niño tiene derecho a la alimentación, también tiene derecho a la educación. En esa misma sede Malala convocó a los líderes mundiales a cambiar sus estrategias, a apoyar la educación, en especial de las mujeres, para propiciar que sean más libres y que luchen por serlo.

En su alocución ante la Commonwealth esta chica extraordinaria expuso que todos somos una familia de naciones y, aunque no lo expresó con estas palabras, que necesitamos practicar los principios de solidaridad y subsidiaridad, en lo económico, lo social y sobre todo en lo educacional.

La educación, especialmente de la mujer, la capacita para poder liberarse de las opresiones de diverso tipo, y en particular de la de los terroristas, que pretenden tenerlas sumisas y esclavas para sus nefastos fines.

De modo indirecto, pero claro, Malala aboga por la educación en valores, que va más allá de sólo los conocimientos útiles. Es necesario superar la frase de Bacon: “saber es poder”, también hay que educar en el sentido estético, en apreciar los valores, en el sentido de la reverencia y de la admiración. Únicamente una educación en valores puede propiciar la paz y erradicar la violencia. Malala insinúa que la violencia es una espiral, y que no se puede combatir la violencia con la violencia. Si el dinero que se gasta en el mundo en armamentos se invirtiera en la educación, de doble modo se estaría fomentando la paz.

Malala más que aspirar al premio Nobel de la Paz, aspira a ser agente concreto de la paz en el mundo, lo cual está logrando con sus reflexiones y mensajes.

Más aún su vida, su testimonio, es aliciente, en muchos países, para fomentar la educación y la paz. Recientemente se ha traducido su biografía al lenguaje de los niños para que encuentren en ella un modelo de pacífica luchadora por la paz mundial.