Opinión

Premios Iberoamericanos de Cine Fénix

  

Soy persona y en ella está mi valor.
Soy consciente de mi dignidad,
tengo mi destino atado al de mis hermanos
porque juntos viviremos y moriremos.
Soy persona, soy pueblo y ello me hace importante.
No por la riqueza que pueda acumular,
sino porque tengo la capacidad de transformar,
pensar, crear, construir, amar.
Soy persona y nadie puede negar lo que valgo:
aunque prefieran las grandes empresas sustanciales ganancias
a cambio de mi vida,
valgo más que cualquier ganancia obtenida.
Soy persona, soy pueblo y tengo derechos:
derecho a la vida y a dar vida,
derecho a una vivienda digna,
derecho al trabajo y al pan de cada día.
Soy persona y soy pueblo pronto a despertar.
Ese día formaremos un cuerpo gigante,
desde la Patagonia hasta el Río Grande y más allá.
Y se escuchará mi grito: Soy persona. ¡Basta ya!


Silvia María Flores, migrante


Este poema lo encontró el director mexicano Diego Quemada-Diez en un albergue de inmigrantes. Lo leyó al recibir el premio a Mejor película por La jaula de oro el jueves pasado en el Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Esta producción cuenta la emotiva travesía rumbo a Estados Unidos de tres preadolescentes migrantes guatemaltecos, una historia de descubrimiento y despertar personal en medio de un entorno absolutamente adverso. Maravillosa y evocadora.

Lo sobresaliente de la ceremonia de estos Premios Fénix (y debe reconocerse) fue el valor y esfuerzo de los organizadores, cuya postura ante la situación nacional desencadenada por la desaparición de 43 estudiantes en Ayotzinapa, no fue mirar al otro lado, sino, al contrario, fue la oportunidad de una comunidad artística para hacer público el reclamo hacia las autoridades porque la justicia se ha diluido en nuestro país.

Fue muy motivante ver cómo una escena artística – en este caso la cinematográfica – deja atrás cotos de poder, egos y protagonismos para unirse a un llamado nacional, también humano, y exigir respuesta a un gobierno que está siendo rebasado por el momento histórico. Las antiguas prácticas de represión y ocultamiento no pueden ser toleradas más por una sociedad asqueada por tanta muerte.

El cine, como una expresión creativa y contemporánea, muestra esa correlación entre el contexto y un lenguaje visual específico. La gran mayoría de las películas seleccionadas para los Premios Fénix abordan temáticas que vienen de distintas bases sociales. Darnos cuenta de este rasgo, nos ayuda a repensar el arte, sobre todo el contemporáneo en medio de la crisis de violencia que estamos viviendo.

Ante la catástrofe, se necesita que el ímpetu de transformación se refleje en nuestras manifestaciones artísticas, sin importar cuáles sean, desde el cineasta que cuenta una emotiva historia, hasta los estudiantes que elaboran ojos de dios huicholes para las marchas y protestas.

Muchas felicidades a todo los ganadores y nominados en el Premio Fénix, y a todos aquellos que hacen frente a la tragedia a través de su impulso creativo.