Opinión

Precio de la gasolina

    
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gasolina

El precio de la gasolina en México, hasta el inicio de este año, fue determinado siempre por Hacienda. Tal vez en ocasiones tenía alguna relación con el costo de producción, pero si fue así, fue por pura casualidad. Puesto que desde 1973 el precio internacional del petróleo se mueve mucho, y las decisiones de Palacio van despacio, había días, semanas, meses o años, en los que la gasolina era más cara que en otras partes del mundo, y había esos mismos períodos con gasolina regalada. La mejor solución que se les ocurrió fue irle subiendo cada mes, con lo que cada mes recibían mentadas.

Vender gasolina barata es una absoluta tontería. El consumo del combustible se concentra en los más ricos, y produce contaminación. Vender barato implica promover dicha contaminación y subsidiar a los más ricos. Y lo peor es que ese subsidio tiene que venir del gobierno, que es el que decide el precio. Y si viene del gobierno, entonces se están utilizando impuestos, que tienen muchos fines alternativos muy superiores: desde combatir la pobreza extrema hasta incrementar la productividad, pasando por todo lo demás: educación, salud, infraestructura, etcétera.

El que se haya liberado el precio de la gasolina en 2017, pocos días antes del centenario de la Constitución, es una demostración de la existencia de cien años de confusión. Pero observe las respuestas. Los clasemedieros, enojadísimos porque tienen que pagar gasolina cara. Los políticos, culpándose entre ellos. Desde la óptica de Morena, todos son culpables (ya ve usted que hay un sólo Mesías); desde el PRD, el problema fue la reforma energética, porque ellos no la votaron; desde el PAN, el problema fue la fiscal, porque ellos no la votaron. En esta ocasión, el que tiene razón es el PAN: el problema es fiscal.

La reforma energética no tiene nada que ver con el precio, salvo porque ahí se decidió por fin, cien años después, liberarlo. El monto no depende de esa reforma. El precio se calcula con base en el precio internacional, un margen de transporte y almacenamiento, un costo de administración, y un impuesto especial (IEPS). De todo ello, sólo el costo de administración me parece inadecuado, y deberá desaparecer pronto. Ese margen es lo que el mercado debe resolver mediante la competencia.

Los que se oponen al IEPS de gasolinas son los que se oponen a pagar impuestos; es decir, todos. El argumento de siempre es que se roban el dinero. Bueno, pues ya pónganse a presionar para que el Sistema Nacional Anticorrupción funcione. Porque aún si no se robasen nada, le hemos encargado al gobierno ciertas cosas que requieren dinero, y ese dinero sólo puede salir de nosotros mismos. Hay formas mejores y peores de cobrar impuestos, sin duda, pero el de las gasolinas es de las mejores: cobra a los más ricos y promueve menos consumo de un energético contaminante. Precisamente por eso nunca debió eliminarse la tenencia, que creo que debe regresar a la brevedad.

Pero la clase media comprada por el sistema político desde los años setenta no quiere pagar. Yo me uno a su protesta en lo que tiene que ver con la corrupción, y por eso desde esta columna hemos insistido tanto en el tema. Pero de que hay que pagar, hay que pagar, a menos que nos pongamos de acuerdo en reducir las obligaciones del gobierno. ¿Qué quieren quitar? ¿Universidades subsidiadas? ¿Servicios de salud? ¿Construcción de infraestructura? ¿Pensiones? Porque si no quitan nada, el gasto del gobierno tendrá que seguir creciendo y alcanzar al que tienen los países de la OCDE, que promedia el doble de lo que gasta el nuestro. De verdad, vaya usted pensando en esto.

Profesor de la Escuela de Gobierno,Tec de Monterrey.


Twitter: @macariomx

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