Opinión

PRD en Guerrero

La sesión inaugural de la nueva dirigencia perredista en Guerrero (acabó siendo en Chilpancingo aunque pretendía ser realizada en Iguala) exhibe la confusión de los límites entre los partidos y su estructura, con el ejercicio pragmático y concreto de quien ejerce el gobierno.

¿El PRD es responsable de la incapacidad operativa o preventiva de Ángel Aguirre con los lamentables casos de Iguala y Ayotzinapa? No directamente, como tampoco el PAN es responsable de la guerra con el crimen de Felipe Calderón o el PRI de las torpezas y excesos de Mario Marín o Ulises Ruiz en su momento.

Los señores funcionarios que resultan ganadores en puestos de elección popular, son responsables de sus actos ante la ciudadanía, pero de forma muy secundaria ante sus partidos. El PRD fue a Guerrero a pretender difundir una imagen de compromiso con la grave situación que allá se vive, o como dijo Carlos Navarrete “que se vaya Aguirre pero que también se vayan Eruviel Ávila y Egidio Torre”. Es decir, no importa si lo han hecho bien o mal, sino que es un asunto de cuotas. Si el gobierno federal “quita” o retira a un gobernador del PRD, que también lo haga con otros del PRI en el Estado de México y en Tamaulipas. Absurdo. ¡Vaya debut del presidente Navarrete!

Por mucho que incomode al gobierno federal la impericia, el abandono, la torpeza o francamente la desidia del gobernador Aguirre en un estado por naturaleza tenso y delicado, lo que menos conviene a esta administración es iniciar un camino de licencias y retiros como ya sucedió en Michoacán. Lo que menos necesita Peña Nieto es cualquier comparación o semejanza con Carlos Salinas de Gortari, quien como la historia registra, removió, retiró o francamente despidió de su cargo a cerca de ocho gobernadores durante su sexenio. Era otro México, en el que el presidente era el jefe máximo del partido y de la nación y su potestad se ejercía por encima de la separación de poderes –Legislativo y Judicial– y también por encima de los niveles de gobierno, municipal, estatal y por supuesto federal.

El Partido de la Revolución Democrática debiera ser el primer interesado en que se investiguen, deslinden y aclaren los casos del inefable Abarca en Iguala, o de la insultante tragedia de Ayotzinapa. Acudir en respaldo, cobijo y apapacho a un político golpeado por su ineficiencia y su incapacidad operativa, no habla bien de ningún partido jamás.

Los partidos debieran exigir y demandar ejercicios de gobierno de creciente calidad, de notable transparencia, de elocuente eficacia. Es su mejor carta de presentación frente a un proceso electoral. Pero si por el contrario, el partido en cuestión pretende cubrir o disminuir la torpezas de sus gobiernos, mal servicio presta a la ciudadanía y peor función de encubrimiento y elusión de responsabilidades.

Ángel Aguirre debe responder con prontitud y claridad de los hechos en Aytozinapa y en Iguala, es el titular del Ejecutivo estatal. No es viable la excusa fácil de que ya había avisado a la autoridad federal o de que habían iniciado investigaciones al respecto. Los hechos exhiben a un gobierno estatal desinformado, desconectado, inoperante ante evidentes riesgos o delitos.

Mal hace el PRD y su nuevo liderazgo en acudir prestos al epicentro de los hechos, como un mensaje ambiguo de apoyo y compromiso con la realidad. Parece estrategia de contención de crisis, ante el muy próximo y competido escenario electoral.

Los partidos proponen figuras, construyen plataformas, plantean ideales programáticos, que después corresponde a sus candidatos electos y en funciones ponerlos en marcha. Muy pocos son los que cumplen con un diseño y una estrategia partidaria. Ya en el poder, siguen su propio curso. Tenemos abundantes ejemplos.

Twitter: @LKourchenko