Opinión

PRD en crisis

 
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No dejaré el camino libre a Cárdenas: Navarrete

El Partido de la Revolución Democrática ha iniciado un profundo proceso de autocrítica que parte de los pobres resultados en las pasadas elecciones. Sus notables derrotas en la ciudad de México, la pérdida del control en la Asamblea Legislativa además de varias delegaciones, así como lo sucedido en distintos estados, provocó inevitablemente el cuestionamiento interno.

Son los peores resultados electorales del PRD en los últimos 15 años.

Este fin de semana sesionará el Consejo Nacional que convocará para septiembre a un Congreso Nacional. Las primeras pistas que han dado a conocer señalan la construcción de un acuerdo interno para la salida de Carlos Navarrete como presidente nacional. El mismo Navarrete, con apenas ocho meses en el cargo, declaró que “puso a disposición del Consejo y del futuro Congreso su cargo y el de todo el Comité Ejecutivo Nacional”.

Ahí están las formas y lo externo, pero de fondo hay un terremoto ahí dentro. La hegemonía ejercida por Los Chuchos (Ortega y Zambrano) desde la ruptura con Andrés Manuel, parece tambalearse toda vez que Navarrete era su hombre para la dirigencia.

No olvidemos que la salida y la ruptura con el ingeniero Cárdenas, estalla justamente cuando Los Chuchos y Navarrete se niegan a cederle la dirigencia nacional.

El rompimiento con Andrés Manuel viene de tiempo atrás, desde el histórico y nocivo plantón de Reforma ordenado por López Obrador después de la derrota de 2006. Desde entonces, Los Chuchos y sus simpatizantes tomaron distancia del “Rayito de esperanza”, el iluminado caudillo que insistía en conducir las riendas del partido en una ruta de continua confrontación.

Para Andrés Manuel, lo contrario significa un partido entreguista, doblegado ante el gobierno, haciendo el juego del poder, como insistentemente fustigaron a partir del Pacto por México.

Para Los Chuchos, los ganadores en el control del partido después de AMLO, su PRD representa a una izquierda dialogante y constructiva, no basada en la marcha, el plantón y la confrontación.

Son dos visiones, dos perspectivas, cuya discrepancia irreconciliable condujo a la salida de López Obrador y el posterior surgimiento de Morena, hoy muy sólidamente afianzada como fuerza política en el Distrito Federal.

Pero en el PRD hay muchas más huestes o “tribus” como ellos las llaman. El grupo que pudiera alzarse con el poder y el control del partido, en esto que parece el fin de Los Chuchos, pudiera ser la corriente dirigida por René Bejarano y por Dolores Padierna. Ella ha hecho un trabajo comprometido, disciplinado y serio en el Senado, él sigue cargando con el estigma inolvidable de las ligas y Carlos Ahumada.

Morena se ha alzado con la victoria en amplias zonas capitalinas, ha desplazado al PRD en su bastión clásico del DF, y apunta a convertirse en su sucesor como la fuerza política más importante en la ciudad de México.

El PRD se ha distanciado de la ciudadanía, ha perdido contacto, enganche, carisma; los sucesos de Abarca en Iguala y la indolencia en su denuncia o el respaldo al ser electo, la evidente corrupción en múltiples delegaciones capitalinas, han minado su base electoral y lo han convertido en una izquierda desconectada, desangelada, sin oferta distintiva, sin compromiso auténtico.

Es difícil hacer pronósticos pero el “gran partido de las izquierdas en México por los últimos 25 años” ha dejado de serlo. Hoy hablan de reconstruir lazos y vínculos con el propio Cárdenas y hasta con Andrés Manuel, en pleno conocimiento de que su fuerza para 2018 es inexistente sin alianzas y sin pactos con líderes figuras de arrastre electoral.

En el documento que Navarrete entregó al Consejo para el arranque de esta reflexión constructiva, plantea en nueve puntos la posibilidad abierta de alianzas electorales, pero no amarra ni condiciona al partido a realizarlas.

Tiempos de crisis, de revisión y reestructura, de corregir lo desviado, de renovar los liderazgos y oxigenar a una organización que como dijo el ingeniero Cárdenas en “La Silla Roja” (EL FINANCIERO-Bloomberg): “cuando en el PRD importaron más las cuotas y las partidas presupuestales, se perdió la brújula y el camino”.

Las preguntas son: ¿Están a tiempo de reconstruir al partido? ¿Les alcanza con lo que tienen? Veremos.

Twitter: @LKourchenko

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