Opinión

PRD, el fin

A lo largo del último año he tenido la oportunidad de dialogar con múltiples líderes de izquierda, muchos del PRD, algunos de Morena, e incluso otros de los fundadores originales del Partido de la Revolución Democrática. Muchos hablan de renovación, reconstrucción, refundación. Es retórica que, me parece, no se refleja en hechos concretos y comprobables.

En la última década y media, cuando hemos visto al PRD caer y levantarse una y otra vez de elecciones oscuras, tribus enfrentadas, liderazgos amenazados e incluso persecuciones internas, muchos, me cuento entre ellos, hemos hablado y pedido una izquierda sólida, unida, profesional, lejana a la confrontación que algunos entienden como irrenunciable postura de la izquierda, más cercana a la construcción de una fuerza dialogante y propositiva.

Hoy atestiguamos una vez más algo que muchos califican como desmoronamiento, como extravío ante la pérdida de premisas, ante la brújula desorientada. Cuauhtémoc Cárdenas declaró en “La Silla Roja” de El Financiero Bloomberg, que el PRD había perdido la mística y el espíritu primigenio y fundacional cuando fue más relevante el puesto, el cargo y el presupuesto. Cuando se impuso la lógica de vivir dentro de la administración y bajo las canonjías de las cuotas, los nombramientos y las comisiones.

Hoy uno de los pocos líderes políticos con prestigio moral y ético en este país, el propio ingeniero Cárdenas, llama a la renuncia del Comité Ejecutivo y del propio presidente del partido, y con ello inicia el epílogo de una historia, la crónica de un fin previsto y anunciado.

Para Morena y para López Obrador representa un momento de anticipada y secreta satisfacción: no lo provocó, no lo causó él directamente, pero sí lo adelantó con su renuncia, lo advirtió con su mensaje de traición a los principios de la izquierda y de “hacerle el juego al gobierno”. Frente al muy cercano proceso electoral de 2015, al descrédito innegable de Aguirre en Guerrero y de Abarca en Iguala, los números de Morena empiezan a crecer potencialmente.

¿Quiénes son responsables? Aunque Martí Batres insista en señalar que sólo ellos, Los Chuchos, el grupo gobernante del partido, me parece que la responsabilidad se extiende a muchos de los actores que por ahí han transitado. El propio Andrés Manuel quien gobernó ese partido en los tiempos furiosos de la guerra entre clanes, y que fue fundamental para construir su plataforma, su personaje, sus candidaturas y alianzas.

Hoy pueden decir que no, que el curso seguido por el PRD en el Pacto por México fue el error de este grupo que manda, pero la historia que describe el ingeniero Cárdenas en su carta de motivos es impecable, precisa, certera, incuestionable.

¿Es esta la muerte anunciada de un partido de izquierda, el más importante, estructurado, con presencia electoral en la historia de México? ¿Y es al mismo tiempo, el surgimiento de otro, que se autodenomina “puro”, “auténtico”, “verdadero representante del pueblo”? Difícil pronóstico, pero lo cierto es que los pecados de uno no escapan a la fundación del otro. Tal vez no sean lo mismo, o tal vez la fuerza y el liderazgo de AMLO tendrán la capacidad para aglutinar sectores, candidatos y aspirantes sedientos de posiciones de representación popular. ¿Y de lo demás?, ¿del cargo, el encargo y el presupuesto?

Ningún partido político está exento de personajes que utilizan la plataforma y el membrete para negocios personales, para beneficio propio.

En esta historia no hay puros ni inocentes, hay corresponsabilidades políticas que muy pocos aciertan a asumir con madurez y entereza. Responsabilidades que no tienen que ver con lo penal, con los desfalcos o desvíos de fondos –necesariamente– pero sí con aprovechar y capitalizar posiciones a partir de bases distorsionadas, liderazgos cuestionables, alianzas perversas. Y en eso, el que esté libre de culpa, que se atreva a decirlo en plaza pública.

Twitter: @LKourchenko