Opinión

PRD: asalto al congreso de transición


 
La imagen resume el escenario: las bancadas del PRD, PT y MC se atrincheraron en el salón de plenos de la Cámara de Diputados y sus gritos rebotaron en el eco de una democracia vacía.
 
 
Con el 31.6 por ciento de la votación presidencial y el 27.7 por ciento de las bancadas en la cámara de diputados, la coalición lopezobradorista decidió suspender el proceso institucional legislativo para evitar la discusión de la reforma energética aprobada en el Senado con votos en contra de legisladores lopezobradoristas.
 
Sin votos suficientes, usando la fuerza para impedir las sesiones, la coalición PRD-PT-MC decidió hacer a un lado el ejercicio de la democracia y tomó por asalto la cámara de diputados en un golpe similar al tejerazo de España cuando el jefe de la guardia civil interrumpió por la fuerza el proceso de transición española a la democracia.
 
El tejerazo lopezobradorista se convirtió en una interrupción del proceso de transición mexicana a la democracia; sin contar con los votos necesarios y negando el cumplimiento de las reglas institucionales legislativas que prometieron acatar al optar por cargos de elección popular, un tercio de las bancadas rompieron el proceso democrático.
 
Afuera del Palacio Legislativo, los grupos de Morena de López Obrador estallaron también la violencia al atacar a la policía en un acto de franca provocación; por ahí andaba, por cierto, Andrés Manuel Jr. al frente de las hordas del cerco.
 
El problema principal ayer no fue la reforma energética sino el hecho de que el PRD, el PT y MC y Morena decidieron interrumpir el funcionamiento democrático de la república, a pesar de que suscribieron las leyes electorales que los obligan a cumplir con las labores institucionales.
 
No es la primera vez que el PRD --autodenominado como la “izquierda” mexicana-- rompe el orden constitucional: en el 2006 impidieron el cumplimiento del mandato legal de la entrega del informe presidencial, en ese mismo año también tomaron por asalto el salón de plenos y la tribuna para provocar una crisis constitucional al intentar impedir la toma de posesión de Felipe Calderón. Y ha sido larga la lista de tomas de tribunas legislativas por perredistas para imponer su voluntad desde la minoría.
 
Lo malo es que estas radicalizaciones colocan al PRD en situación de ruptura del orden constitucional. Incapaz de ganar una mayoría o de negociar una coalición para construir una mayoría, el perredismo ha convertido los tejerazos legislativos en una forma de hacer política de fuerza, de tensión, de provocación, de violencia.
 
En la cámara de diputados la coalición lopezobradorista suma 135 diputados, el 27.7 por ciento del total, contra 213 (42.6 por ciento) del PRI, 114 (22.8 por ciento) del PAN y 10 (2 por ciento) del Panal. El PRD sumó 101 diputados (59 distritales y 42 pluris, el 20.2 por ciento), Movimiento Ciudadano 20 en total (4 por ciento) y PT 14 (2.8 por ciento). En total la alianza PRI-PAN suma 327 diputados (65.4 por ciento), completa la mayoría calificada de más de dos terceras partes para aprobar modificaciones a la Constitución.
 
 
El problema no radica en la reforma sino en la falta de voluntad democrática de la coalición lopezobradorista para respetar las reglas del juego parlamentario. Una democracia se define en función de reglas y voluntades. Lo más grave para el PRD ha sido el hecho de que todas sus violencias políticas contra las instituciones han terminado en fracaso. Y lo peor tiene que ver con el hecho de que el PRD formó parte de las fuerzas políticas que lucharon por las reglas democráticas y son los primeros en violarlas.
 
La imagen patética que resumió ayer el tejerazo del PRD se vio con claridad: las mujeres que ocuparon la tribuna gritaban porras que llevaban escritas en tarjetas porque al parecer eran incapaces de memorizarlas.
 
 
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