Opinión

Postales: Ho Chi Minh

CIUDAD HO CHI MINH, Vietnam.– Entre más años pasan, más se separa esta cosmopolita ciudad, alguna vez la perla de Indochina, de Hanoi, la capital comunista de Vietnam. Ho Chi Minh es un enjambre de 7.5 millones de personas que navega en la occidentalización, mientras Hanoi mantiene ataduras al viejo régimen. Aquí se vive el cambio del paradigma –como en China desde finales de los 70–, con la apertura del mercado hacia el capitalismo, aunque tras 30 años de renovación, aún no terminan de definir qué es lo que quieren de lo que llaman “economía de mercado con orientación socialista”.

“Nunca hemos atinado qué significa orientación socialista para que podamos establecer los límites de la intervención del Estado en la economía”, dice el economista Vo Dai Luoc, que junto con otros líderes comunistas ha trabajado por años en busca de la definición. “Al final, el Estado realiza múltiples tareas, sin establecer regulaciones, por lo que nos extraviamos en el camino”. La pregunta de qué tan lejos ha ido la economía ha sido hecha numerosas veces en la prensa. Sin tenerlo, la economía camina sobre un tripié de empresas estatales, inversión pública y servicios financieros.

Su ícono es la torre financiera Bitexto, que es una empresa estatal, que se levanta 262 metros en el corazón del barrio de negocios, que se distingue de todos los rascacielos en el mundo porque tiene un mirador que se escapa como plato del espigado edificio. A dos calles de ella comienza, junto al muelle del río Saigón, donde todavía en los 70 sólo navegaban naves de guerra, la calle Dong Khoi, que en ese entonces, pero como producto de la influencia francesa cuando Vietnam fue su colonia, cohabitaban boutiques, restaurantes, hoteles y burdeles para los colonizadores y los soldados estadounidenses.

Dong Khoi ya no alberga burdeles, pero sus casi dos kilómetros están llenos de cafés y restaurantes, pero sobre todo de boutiques restringidas para muy pocas ciudades en el mundo, como la de Christian Louboutin, que en América Latina sólo tiene dos tiendas en Sao Paulo. Sobre esta calle de dos carriles circulan Rolls Royce, Mercedes o BMWs, y caminan asiáticos con bolsas Hermès, Dior y Louis Vuitton de no menos de cuatro mil dólares. Esta avenida es el sistema nervioso de la vida neocapitalista vietnamita, cuya mano de obra fabrica y ensambla varias de las marcas más importantes del mundo. Por esta razón, Ho Chi Minh es también una ciudad muy apreciada por sus réplicas.

En dos centros comerciales, uno a dos calles de Dong Khoi, Central Saigón –como se llamaba esta ciudad cuando era capital de Vietnam del Sur–, y Maximark, que se encuentra cerca del aeropuerto, es donde se pueden encontrar las réplicas de bolsas, accesorios y ropas. No son imitaciones –las mejores de su tipo se encuentran en el mercado Benh Than–, sino que, como en China, se producen inventarios adicionales que pasan la prueba de autenticidad sin mayor problema.

Dong Khoi es una avenida que sintetiza décadas de historia indochina. Sobre esta calle se encuentra la centenaria Ópera, construida por los franceses en 1899, que vive escoltada por dos hoteles singulares. A su izquierda el Caravelle, que durante la guerra de Vietnam era el cuartel general de diplomáticos y donde estaban las oficinas de The New York Times y The Washington Post. Y a su derecha está el Continental, también ocupado por diplomáticos y periodistas, y escritores como André Malraux o Graham Green, quien después de vivir ahí varios meses, lo utilizó para recrear en él El Americano Impasible. Ahí se hospedó también Walter Cronkite, un periodista leyenda en Estados Unidos, quien después de visitar las tropas de su país en la jungla vietnamita, afirmó en noticiero estelar de la CBS en 1968: “La guerra está empantanada”. En ese momento, el presidente Lyndon B. Johnson le dijo a sus asesores: “Hemos perdido al 50 por ciento de los estadounidenses”. A una cuadra de ellos está el hotel Rex, donde los voceros del Pentágono daban sus conferencias de prensa vespertinas, que los periodistas llamaban “las mentiras de las cinco de la tarde”. Hoy en el Rex hay tantas más boutiques de marca que en cualquiera de sus centros comerciales premier.

Ho Chi Minh cambia su cara cada vez que se le visita. Cada vez es más dinámica, vibrante y cosmopolita. Pero por debajo de su piel, Hanoi es quien toma las decisiones y busca resolver las contradicciones. Una crucial es cómo jugar bajo las reglas del mercado global manteniendo sus ventajas comparativas, como mano de obra barata local y permisos restringidos para trabajadores extranjeros, o si camina hacia estímulos fiscales agresivos como los que transformaron las nuevas zonas de desarrollo económico en China.

Los funcionarios vietnamitas entienden que la falta de reglas claras para la competencia, los ha afectado. La inversión extranjera en los 11 primeros meses del año, cayó 16.7 por ciento con respecto a 2013, en parte porque nunca llegaron inversiones mamut. Aunque su crecimiento se mantiene anualmente en 6.2 por ciento, los problemas que están teniendo para resolver sus contradicciones de economía de mercado con orientación socialista, no sólo les afectó ya su plan quinquenal para 2015, sino la meta de convertirse en un país industrializado para 2020.

“El Estado debe cambiar”, dijo recientemente Nguyen Dinh Cung, presidente del Instituto Central para Administración Económica, quien es uno de los autores de los documentos que se están preparando para el Congreso del Partido Comunista en 2016. “La economía de mercado puede no ser capaz de resolver todos los problemas. Sin embargo, sin ella, no vamos a ninguna parte”.