Opinión

Por supuesto, esos crímenes quedarán en la impunidad

 
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ME. El Chapo regresa a casa.

Uno tras otro, los delitos que no tendrán castigo y que, al mismo tiempo amenazan con aumentar están entre nosotros. Véase el caso de dos hombres cuyos asesinatos, que fueron expuestos en la calle: uno colgado de un puente y otro apuñalado, vienen acompañados de mensajes donde muestran la disputa que existe por el mercado de las drogas ¡en los reclusorios del DF!

Sí, justamente en los lugares donde debieran darse las condiciones para que los internos tuvieran los elementos para reorientarse y ser ejemplares y productivos a la sociedad que han ofendido con su conducta delictiva. Se les llaman Ceresos (Centros de Readaptación Social). ¿Qué tipo de lugares son esos reclusorios en los que la venta de drogas es un comercio tan claro y determinante que las bandas se pelean hasta la muerte por controlarlo?

Tendríamos obligadamente que preguntarnos: ¿y las autoridades dónde están, qué tareas realizan que no ven o no pueden controlar ese trasiego? Es inaudito que públicamente los ahí recluidos por diversos crímenes entre los que sobresalen los ladrones y criminales de todo tipo, ventilen a cielo abierto sus diferencias en el comercio de las drogas y quien sabe qué otro tipo de conductas y privilegios se den en las cárceles. ¿No gozaba de un televisor individual “Don” Joaquín El Chapo Guzmán quien llegó a tener un promedio de dos visitas diarias en la breve estancia que tuvo en el reclusorio de “máxima seguridad”?

A lo anterior hay que agregar la descomposición social que desembocó en una barbarie llamada generosamente linchamiento de lo ocurrido en Ajalpan, Puebla y semejante a lo que en Tláhuac, DF el entonces jefe de gobierno, Andrés Manuel López Obrador, calificó como “usos y costumbres de la población”. En los dos casos que ya antes había ocurrido con la fatídica Canoa, la población se transforma en populacho y este adquiere el tufo de una hediondez humana para, sin haber probado delito o amenaza alguna, arrancar de manos de la policía a un par de individuos, hacerles todo tipo de torturas como clavarles una varilla en la boca, cebarse a golpes en la cara y los genitales hasta rociarlos de gasolina y vivos prenderles fuego. ¿Algún condenado por jueces y leyes merece un castigo mortal semejante? Esto que pudo haber pasado entre los cromañones, neandertales o en la baja edad media con brujas y traidores al rey, ha pasado aquí, en la catorceava economía del mundo, en donde se han dado creadores como Octavio Paz, Carlos Chávez o Siqueiros. Aquí donde las muestras de talento y sensibilidad artística nos caracterizan; ocurre en nuestra extendida sociedad de casi 120 millones de habitantes y en donde cada vez crece más y más el respeto a las mujeres y niños; donde se considera a los ancianos de la tercera y cuarta edad. Sociedad donde se reconocen y amplían los derechos humanos. ¿Cómo es que se dan estos hechos y lo que es gravísimo, que esos crímenes brutales queden en la impunidad?

Los pobladores de ese territorio poblano no llegan en la cabecera municipal a 30 mil.

Las fotos y los videos de sus celulares muestran el vandalismo y el saqueo de las oficinas públicas sin que nadie pudiera evitarlo; todos como si fueran una sola persona, se niegan a denunciar, vamos, ni siquiera nombrar a los instigadores. A leguas se nota el desprecio y la rabia que sienten contra todo tipo de autoridades ya que ni los uniformados municipales ni estatales pudieron contenerlos, antes bien, éstos se sintieron aliviados de no correr la suerte de los dos muchachos a los que no les probaron absolutamente nada y martirizaron sin límite.

El desprestigio, la desconfianza y el temor que inspiran los cuerpos policiacos acrecientan la inseguridad en el futuro y robustece el fanatismo de poblaciones ignorantes y manipulables. Tarea ineludible la que la clase gobernante tiene frente a la vergonzosa desigual, ante la ignorancia y de manera subrayada, ante la injusticia que colma de ira a extendidas franjas de nuestra población, estimulada siempre por la impunidad ante el abuso y la burla de proceder como si nada importara ocurriera.

Twitter:@RaulCremoux

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