Opinión

Por qué una nueva convención hacendaria

Es importante dada la situación por la que atraviesan las finanzas de los gobiernos de las entidades federativas y los municipios. Veámoslo por el lado de los ingresos. Revisando algunas cifras sobre los ingresos de las entidades federativas, llegamos a la conclusión de que por el poco dinamismo en el incremento de sus ingresos propios y la dependencia que tienen de las transferencias federales, condicionadas y no condicionadas, hacen urgente revisar la distribución de responsabilidades en materia de competencias tributarias.

Ya he mencionado muchas veces la fuerte concentración del poder tributario en el orden central, y sobre la precariedad recaudatoria de las facultades que hoy tienen los gobiernos subnacionales, sin desconocer la indiferencia fiscal de muchos de ellos; sin embargo, hay algunos que han potenciado el limitado poder recaudatoria de sus facultades como Campeche, Baja California, Nuevo León, Chihuahua y, por supuesto, el Distrito Federal. Incluso Tabasco.

En cifras acumuladas de 2009 a 2013, la dinámica recaudatoria real de los ingresos propios de las entidades federativas es de 46 por ciento; a pesar de ese reducido potencial recaudatorio, la dinámica del endeudamiento en el mismo periodo fue de 18 por ciento, mientras que los incrementos de las transferencias federales –condicionadas y no condicionadas– que constituyen alrededor de 90 por ciento de sus ingresos, fue de 14 por ciento. Recordemos que en 2013 apenas lograron las transferencias su nivel real anterior a la crisis de 2009.

Lo delicado de la dependencia de las transferencias, destacadamente, es que las no condicionadas –esto es, las participaciones–, no rebasan en términos reales lo alcanzado en la última década, lo que se ha compensado con deuda pública –de ahí su gran crecimiento– y con el esfuerzo que sí han realizado entidades federativas como las mencionadas. Claro que también la pobreza inhibe el avance recaudatorio.

La carga fiscal de los ingresos propios, en relación al PIBE, es de uno por ciento en 2013; la de las transferencias 8.0 por ciento, y de la deuda 1.1 por ciento, lo cual nos termina de dar una visión más clara del asunto.

Los impuestos propios significan 47 por ciento de los ingresos locales. En los últimos dos años se ha agregado el depredado impuesto a la tenencia e incrementos en la tasa del impuesto al hospedaje y nóminas que representa casi 70 por ciento de ese 47; tenencia y uso de vehículos, 20 por ciento; los derechos, principal ingreso no tributario, significan 28 por ciento de los ingresos propios, destacando los de control vehicular con alrededor de 45 por ciento y los de prestación de servicios un poco más de 31 por ciento.

La asimetría del esfuerzo fiscal entre las entidades es una realidad: entidades que han mejorado sustantivamente sus administraciones tributarias y otras que apuestan más a la “gestión” de recursos condicionados.

Recordemos que quien tiene el control de los recursos, tiene el poder político. Esa por lo menos ha sido la apuesta centralista.

Las cifras del endeudamiento distorsionan los números por entidad. En fin, lo que quiero concluir es que es necesario revisar la distribución de competencias, regresando responsabilidades a las entidades federativas, con incentivos para el esfuerzo recaudatorio. Es claro que no podemos seguir criticando el centralismo tributario, si a la hora de las responsabilidades, los gobiernos estatales no responden.

De ahí la importancia de una nueva Convención de las Haciendas Públicas, como juego de pares, que revise todo, por supuesto las responsabilidades de gasto, a la par de la distribución de facultades impositivas, así como el papel de los diversos actores, destacadamente el de los congresos locales.

Correo: brunodavidpau@yahoo.com.mx