Opinión

¿Por qué subir la gasolina?

 
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(Especial)

Es comprensible el enojo de la población por el ajuste en los precios de las gasolinas que se aplicó a partir del primer minuto de enero.

A nadie le gusta pagar de más, pero vale la pena analizar las razones de la autoridad hacendaria -contadas al reportero por fuentes de primer nivel- para anunciar la aplicación de esta medida a nivel nacional.

Primero. No puede haber vuelta atrás en el llamado gasolinazo.

En los últimos años se combinó una caída en la producción y el precio del petróleo mexicano de exportación con un incremento en el consumo de combustibles.

Hoy somos el cuarto consumidor de combustibles por habitante en el mundo.

Esto obligó a importar más de 50 por ciento de las gasolinas que se consumen en el país.

Pero por cada dólar de gasolina que se consume en México, se exportan 80 centavos de petróleo, lo que claramente refleja un desequilibrio.

La capacidad del gobierno mexicano para mantener acotado el precio de los combustibles automotrices se volvió más limitada, en la medida que se redujeron e incluso se revirtieron los excedentes petroleros obtenidos de 2010 a 2014.

Así que posponer la flexibilización y posterior liberalización de precio de las gasolinas y el diésel no hubiera evitado su encarecimiento.

Segundo. El incremento en los precios de las gasolinas y el diésel estaba mandatado, si bien es una decisión del Ejecutivo.

Con todo y el aumento, que en promedio es de 17.8 por ciento de diciembre de 2016 respecto al mismo mes de 2015 en pesos por litro de gasolina Magna, México es de los países donde menos subirá y en el que se mantendrá más barata en su equivalencia en moneda nacional.

El precio promedio a nivel nacional vigente desde el 1 de enero y hasta el próximo 3 de febrero es de 15.99 pesos para la gasolina Magna, la que más se consume aquí.

Este precio sigue siendo competitivo comparado con el que hay en otros países, pues México se mantiene entre los que ofrecen la gasolina más barata en el continente, sin contar a Venezuela, Bolivia y Ecuador, que tienen un precio administrado por sus gobiernos.

Tercero. De acuerdo con la fórmula para determinar los precios máximos de los combustibles vigentes a partir de este mes, el componente más importante o de mayor peso es el precio de la molécula o la gasolina.

Le siguen los costos de logística, el margen comercial para las gasolineras y el impuesto aplicable, el IEPS, en ese orden.

Esto echa abajo el argumento de que el gasolinazo responde a una motivación fiscal de la Secretaría de Hacienda. Al contrario, el IEPS deja de ser variable, se convierte en fijo, pero también baja, además de que se combina con la decisión de que el precio de los combustibles flote libremente en unos meses.

La recaudación del IEPS aprobada en la Ley de Ingresos para 2017 es de 257 mil millones de pesos, aunque la Secretaría de Hacienda estima captar 50 mil millones menos por el ajuste en el impuesto.

Más aún, los funcionarios consultados dicen que el costo de no haber aplicado el incremento a los combustibles anunciado para enero habría sido de 200 mil millones de pesos, que equivalen a la mitad del presupuesto del IMSS.

Un recorte al gasto de ese monto era “absolutamente inviable”.

Además, se sumaría a los 45 mil millones de pesos que costó el estímulo establecido para enero por el presidente Enrique Peña para atenuar el alza en los precios de las gasolinas y el diésel.

Cuarto. Hay pocos precios que tienen un impacto macroeconómico y claramente el de las gasolinas es uno de ellos.

Hacienda estima que el impacto del alza en las gasolinas y el diésel sobre el Índice Nacional de Precios al Consumidor será de 0.6 por ciento en enero, lo que impulsará la inflación a cerca de 4.0 por ciento anual.

Según las fuentes consultadas, el impacto en el INPC será de una sola vez, por lo que su efecto inflacionario será transitorio y permitirá que la inflación baje después.

Quinto. El incremento en los precios de las gasolinas y el diésel generó descontento social, pero en los próximos meses será una de las transformaciones estructurales más importantes en México.

A futuro, en la determinación del precio de los combustibles se espera que ya no participen Hacienda ni el gobierno, más que con el IEPS aplicable.

Los argumentos aquí expuestos son válidos, pero no evitarán que con el gasolinazo suba todo, o casi todo, y que el costo termine pagándolo el consumidor, como es de esperarse.

Twitter: @VictorPiz

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