Opinión

Por qué sigue vigente el Mexican Moment

04 octubre 2013 5:2

 
Empieza a generalizarse la idea de que el ‘Mexican Moment’ ya quedó atrás.
 
 
Con una economía que está creciendo poco, con protestas en las calles en contra de las reformas, con críticas del sector empresarial a la reforma hacendaria, hay quienes piensan que ya quedó atrás la luna de miel del gobierno de Enrique Peña con los inversionistas.
 
 
No estoy de acuerdo.
 
 
¿Quiere usted ver lo que significa una ventana de oportunidad no aprovechada? Le recomiendo que revise el conjunto de trabajos que la edición de The Economist de esta semana ofrece sobre la situación en Brasil y cómo la promesa de esta nación que es parte esencial de los BRIC, está en entredicho.
 
 
En México, estamos lejos del cuadro económico y político que hoy vive Brasil.
 
 
Es cierto que el crecimiento de la economía en este primer año de la administración de Peña será mucho menor que el previsto.
 
 
Pero, el ‘Mexican Moment’ nunca estuvo asociado al resultado macroeconómico de 2013.
 
 
Lo que convirtió a México en un lugar con un gran potencial de inversión no era si el crecimiento de 2013 sería de 3 por ciento o de 1.5 por ciento. Las dos cifras son malas.
 
 
La gran diferencia la estableció la posibilidad de que se concretaran las reformas estructurales para aumentar la productividad de la economía mexicana en el mediano y largo plazos.
 
 
Ningún analista medianamente informado pensaba que las reformas iban a ser aprobadas sin resistencia. Tampoco dependían de que no lloviera o de que no tuviéramos desastres naturales este año. Los hemos tenido en el pasado y lamentablemente los vamos a tener en el futuro, y van a revelar nuestras fallas, corrupción y negligencia, como también ponen de manifiesto nuestro espíritu solidario.
 
 
Las movilizaciones callejeras o la resistencia de los grupos que van a ser afectados por las reformas, siempre estuvieron en los escenarios que anticiparon los analistas que empezaron a denominar esta coyuntura como “Mexican Moment”.
 
 
De hecho, lo positivo de la actual administración era precisamente la determinación de hacer esas reformas a pesar de la oposición que iban a enfrentar.
 
 
Y la oportunidad derivaba precisamente de la percepción de la capacidad técnica y política de este gobierno para sacar adelante las reformas, lo que no pudo ocurrir en los últimos tres sexenios.
 
 
No está asegurado el éxito de las reformas. Todavía hay posibilidades de que se desbarranquen.
 
 
Pero también hay altas probabilidades de que la energética, la hacendaria y la legislación secundaria en telecomunicaciones, salgan adelante.
 
 
El ‘Mexican Moment’ sí puede estar en riesgo. Pero ese riesgo no deriva ni de resultados macroeconómicos ni de los huracanes, sino de las eventuales dificultades en la operación política.
 
 
El equipo de Peña debe estar trabajando a marchas forzadas para evitar que alguno de los múltiples frentes abiertos, que van desde las diferencias con el sector empresarial hasta las acciones de los anarquistas en las movilizaciones callejeras en el Distrito Federal, vayan a salir de cauce y a generar un ambiente político que “tire” las reformas.
 
 
El otro frente de enorme importancia es el de la reforma política, que se ha puesto como condición para que sea aprobada la energética. En ese ámbito se requiere una operación política quirúrgica.
 
 
¿Recuerda los 120 días de los que habló Peña en su Primer Informe? Pues ya quedan solamente 87 días. Y, para la primera fase de la reforma hacendaria, su tránsito por la Cámara de Diputados, sólo restan dos semanas y un par de días.
 
 
Es bien conocido que el tiempo es un recurso no renovable, y el que resta de este año puede ser crucial para determinar los resultados de todo el sexenio y quizás de un par de décadas.
 
 
Twitter: @E_Q_