Opinión

¿Por qué se van?

  
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La decisión de los votantes británicos de abandonar la Unión Europea fue una sorpresa. Nadie esperaba que ganaran, ni ellos mismos, que en la tarde del jueves daban por perdida la elección. La causa de la sorpresa, otra vez, fueron las encuestas. Las mediciones de opinión pública están fallando en todas partes del mundo, y lo hicieron en Gran Bretaña, incluso en las encuestas de salida, que le daban cuatro puntos de ventaja a la decisión de quedarse, que finalmente perdió por el mismo margen. Primera cosa que debemos aprender, y ya hablaremos de las encuestas y la elección española.

¿Por qué ganó Brexit? Primero, porque hubo referéndum, que parece un asunto obvio, pero no lo es. El primer ministro David Cameron, que ya renunció, decidió utilizar el referéndum como oferta en su campaña electoral, para mantener unido a su partido, que tenía ya fuertes tendencias separatistas. Y le sirvió. Usted debe recordar las elecciones en Reino Unido hace un año, cuando los laboristas (y los liberales) fueron arrasados por una combinación de un partido Conservador sólido y un creciente UKIP (partido independentista de Reino Unido). Gracias a eso, Cameron mantuvo su puesto, que había ganado en 2010 en alianza con los liberales, que en 2015 ya no fueron necesarios. Pero Cameron no quería salir de la UE, de forma que tuvo que proceder al referéndum, pero promoviendo el voto a favor de permanecer en la unión.

Acá viene el segundo elemento: una mala campaña. En descargo, debe decirse que promover la salida era más fácil: bastaba con apelar al miedo y mentir un poco, y eso saben hacerlo los políticos irresponsables y populistas, usted lo ha visto. Pero los promotores de la permanencia pudieron haber hecho mucho más, especialmente después de lo que obtuvieron de la UE en febrero. Segunda cosa para aprender: los resultados no venden solos, ni los datos duros ayudan en nada.

La tercera razón del triunfo tiene que ver con eso que ahora llaman “demográficos”, es decir, características de los votantes. A favor de quedarse en la UE votaron los habitantes de Londres, Escocia e Irlanda del Norte; las personas más jóvenes; las personas con más educación; y en menor medida, personas con mayores ingresos. Querían irse, entonces, las personas de más edad, menos educación, que viven en el resto de Inglaterra y en Gales. Sin embargo, no crea usted que estas diferencias son abrumadoras. De hecho, cuando uno ve las gráficas percibe rápidamente que los que querían irse fueron mucho más consistentes que los que querían quedarse, que se dispersan más. Los jóvenes, como siempre, no fueron a votar. Tercero, la importancia de los demográficos es asimétrica, como son las emociones.

Cuarto: no era una decisión simple. Los defensores de la UE nos dicen que salir fue un error gravísimo, que la democracia falla y que hay que repetir la votación. Pero si el asunto fuese así de sencillo, no veríamos una decisión 52-48, sino mucho más amplia. El punto clave es que las dos opciones tenían costos y ganancias. La UE no es sólo el sueño de tolerancia y democracia, es también un monstruo burocrático; salirse no es sólo “retomar el control”, es aislarse. Lección: las decisiones son crecientemente difíciles.

Último punto: esto no era, como ya nada lo es, izquierda contra derecha. La insistencia de la izquierda de forzar la realidad en su marco de referencia la está haciendo irrelevante más rápido de lo necesario, dejando parte del terreno a la derecha, pero sobre todo abriendo el espacio a demagogos, extremistas y ocurrentes. Ésta no es lección: en ese segmento no las necesitan ni las quieren.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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