Opinión

¿Por qué reprobamos en matemáticas?

04 diciembre 2013 5:2

 
Los datos del examen PISA practicado el año 2012 en 65 países revelan que el 55 por ciento de los jóvenes mexicanos de 15 y 16 años no alcanzan ni siquiera el nivel de competencias básicas en matemáticas.
 
 
En el extremo, apenas el 1 por ciento de los alumnos mexicanos alcanza el nivel de competencia más alta en la materia, contra el 13 por ciento promedio que corresponde a las naciones de la OCDE.
 
 
Los mejores alumnos de México corresponden al nivel promedio que existe en Japón.
 
 
Nuestro país está en el lugar número 53 entre los 65 evaluados en función de sus resultados en esta materia. Si dividiéramos la clasificación en 10 escalones, nos ubicaríamos en el nivel número 9 de diez posibles, es decir, casi al final de la tabla.
 
 
Ese hecho contrasta con nuestra ubicación como la economía número 14 del mundo en función del valor del PIB nominal en dólares, pero corresponde a la posición número 55 en competitividad, según el World Economic Forum.
 
 
¿Por qué razón somos tan malos en matemáticas?
 
 
En primer lugar, porque nuestros maestros han sido también muy malos, comenzando con los que tuvimos en la educación básica. Y la razón de que sean muy malos es que el tipo de disciplina que requieren las matemáticas es algo que tendemos a evadir.
 
 
Las matemáticas son un lenguaje universal basado en el razonamiento abstracto, pero al mismo tiempo son un instrumento para la formulación y resolución de problemas.
 
 
En cualquier caso, requieren una disciplina del pensamiento a la que no somos afectos.
 
 
El reporte PISA dice lo siguiente:
 
 
En México, el nivel de ansiedad a las matemáticas es alto. Más del 75 por ciento de los alumnos mexicanos declara estar de acuerdo o muy de acuerdo con la afirmación: ‘frecuentemente me preocupa que tendré dificultades en clase de matemáticas’ y casi la mitad de los alumnos sienten ansiedad al intentar resolver problemas de matemáticas. En efecto, el índice de ansiedad hacia las matemáticas es, en México, el más alto entre todos los países de la OCDE”.
 
 
Un criterio de elección de carrera universitaria sigue siendo: en dónde no voy a tomar matemáticas.
 
 
El común de la gente a veces piensa que las matemáticas son una disciplina para los ingenieros, los físicos, los actuarios o los científicos, sin percibir que su aprendizaje es algo tan necesario como el del lenguaje.
 
 
Quien haya tenido oportunidad de impartir matemáticas en la educación superior –como es el caso de quien esto escribe- coincidirá que en que uno de los padecimientos más grandes derivados de las lagunas de la formación matemática es la deficiencia en la capacidad de formulación de los problemas y en la elección de las evidencias para demostrar argumentos y probar hipótesis.
 
 
La manera en la que se plantea un problema determina en buena medida la posibilidad de encontrarle una solución.
 
 
Algunos pueden presentarse a través de métodos cuantitativos, pero aun otros que no se pueden presentar de esa manera requieren una formulación rigurosa y quien carece de formación matemática básica pierde un instrumento esencial para hacerlo.
 
 
Y, en el caso del acopio y presentación de las evidencias, sucede lo mismo.
 
 
Un país al que le gustan las generalidades y el rollo; que prefiere las visiones ideológicas y dogmáticas en lugar de las deliberativas y polémicas, es uno en el que el petróleo se convierte en un mito; en el que no se cree en las estadísticas; en el que las evidencias concretas y cuantificables se atribuyen a una “mentalidad tecnocrática” y no rigurosa.
 
 
Cuando tengamos un nivel de matemáticas al menos semejante al que tiene el promedio de los países de la OCDE, probablemente encontremos acuerdos y soluciones que hoy no hallamos, a veces, simplemente por nuestra incapacidad.
 
 
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