Opinión

¿Por qué prohibir?

  
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Héctor Gutiérrez

Nuestra sociedad y prácticamente el mundo entero andan desatados, sin rumbo, se predica tolerancia y se intenta prohibir; se busca el diálogo y se encuentra la resistencia; el dinero es el valor más codiciado. ¡Qué pobres somos!

La política ya no es por vocación. Si alguna vez lo fue, hoy es la llave a la riqueza sin mirar a la gente. En esta nación donde la impunidad es uno de sus mayores retrasos, súmenle el fuero a quienes tienen el poder de decidir el futuro del país.

Existen grandes y honorables personajes en nuestra política, hombres y mujeres capaces de analizar, pensar y decidir lo que mejor convenga a México, trazar un rumbo, dialogar, escuchar, aprender y entender acerca de los temas que no se dominen; pero también existen personajes siniestros, poco claros en sus ideas, cuyo único objetivo es aparecer en medios, abrazando una bandera política o social para que los volteen a ver, sin importar si esta causa es noble, inteligente o si hará de este vapuleado México un mejor lugar para sus habitantes. Sin generalizar —porque quiero pensar que alguno se puede salvar—, el PVEM es cueva de este tipo de personajes. Muchas de sus políticas, como la de los circos, han sido fracasos rotundos y comprobados, provocando la muerte de miles de animales a los que con poca cabeza y criterio se les intentó “proteger”, así como más de 10 mil empleos perdidos de mexicanos a los cuales representan, aunque no hayan sido votados por ellos.

Jesús Sesma, diputado plurinominal de este partido, y Enrique Aubry, del mismo Verde Ecologista, han abanderado una causa que los rebasa por los cuatro costados. Se ofenden cuando se les exhiben sus mentiras, lo toman como insultos; no es así señores, la verdad es que han hecho el ridículo al salir a los medios con argumentos tan absurdos como “el toro es un animal doméstico”.

Están poniendo en riesgo a más de 110 mil cabezas de ganado bravo, 170 mil 95 hectáreas mantenidas en perfecto equilibrio ecológico, más de 10 mil empleos, impuestos que llegan a las arcas de los estados y municipios, cultura, arte y tradición de un México al que no terminan por comprender, un México que ha venido luchando por su libertad desde hace muchos años, y a ustedes se les ocurre que prohibir es una buena idea. No tienen calidad moral alguna o argumento inteligente, probado y demostrado para prohibir la entrada de los niños a los toros, no deben prohibir a los padres que así lo decidan, llevar a sus hijos a los toros, un espectáculo del que no ha surgido un solo personaje violento, donde no hay guerras campales (como en el futbol), donde las familias van y conviven en paz y armonía ejerciendo su libre derecho a la libertad y acceso a la cultura. La tauromaquia es cultura, aunque ustedes no lo entiendan.

El pasado domingo un hombre con edad de jovencito pagó con su sangre el derecho a la libertad de todos nosotros. Héctor Gutiérrez, de Aguascalientes, recibió dos cornadas en el tórax, en busca de su sueño: ser figura del toreo. Las horas de entrenamiento, sacrificio, miedo y dolor son muchas, abrazadas con disciplina, ética y valor, ejemplo del México que queremos para el futuro de nuestros hijos.

La grandeza de la tauromaquia está plasmada en los museos, en los libros, en la música, y lo más importante, en el alma de cientos de miles de mexicanos que disfrutamos de esta forma de entender la vida. Puede que seamos minoría, mas no por eso se nos debe prohibir nuestro principal derecho, el de la libertad a disfrutar, ejercer, participar u organizar una actividad lícita desde hace casi 500 años: la tauromaquia.

Taurinamente el futuro es promisorio, existen empresas taurinas serias en nuestro país, contamos con grandes toreros veteranos y jóvenes, contamos con un toro bravo único, raza pura, al que debemos cuidar y del que nos debemos sentir orgullosos.

Entiendan, señores políticos, su papel y la percepción que tiene la sociedad de ustedes, trabajen por y para México, atesoren sus valores, su cultura y su gente.

Twitter: @rafaelcue

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