Opinión

¿Por qué nos cuesta tanto ahorrar? ¿Cómo remediarlo?

Es cierto, el entorno es desfavorable para entrar a una costumbre de ahorro. Los ingresos son muchas veces insuficientes; las tasas bancarias son tan bajas que no alcanzan a cubrir la inflación; el mercado está inundado de tentaciones consumistas y, por si fuera poco, carecemos de la costumbre para hacerlo.

El hecho es que los mexicanos tenemos una tasa muy baja de ahorro, con un futuro financiero desalentador. Debemos poner fin a cada una de esas barreras.

El punto de los ingresos insuficientes se puede obviamente combatir buscando otro trabajo, pero también con ingresos adicionales. Buscar otras fuentes de percepción es una salida.

Una razón muy frecuente de la falta de ahorro es por un exceso de endeudamiento que provoca una merma significativa del ingreso disponible. Por tanto, un primer paso es liquidar lo antes posible el crédito caro, como es el de las tarjetas y una manera sería una reestructuración a esquemas de mayor plazo para bajar la carga financiera.

Efectivamente, las tasas de interés son muy bajas en el sistema bancario; sin embargo, haciendo una investigación exhaustiva, encontrará instituciones con rendimientos superiores, aun cuando carezcan de algunos servicios. También están como alternativa los fondos de inversión, que si bien tienen más riesgo, permiten una mayor rentabilidad.

Un punto crucial para romper con las tentaciones consumistas es tener una creencia firme “una oferta no es un ahorro”. Es decir, cuando algo se encuentra por debajo de su valor habitual puede aprovecharse si se tenía esa necesidad, pero el ahorro es separar una parte del ingreso para dejar de consumir.

En relación a la cultura o costumbre, bien es posible achacar la culpa a los padres, pero la pregunta válida sería: ¿qué mensaje y enseñanza le estoy transmitiendo a mis hijos? Este podría ser un buen motivador para cambiar el paradigma y volver el camino hacia la previsión y visión de largo plazo.

Si esto no lo alcanza a convencer, dejemos de pensar en el ahorro como un sacrificio y concibámoslo como un consumo futuro lleno de satisfacciones. Guardemos el recurso para aspiraciones mayores y con ello ir forjando un hábito.

Finalmente, tan duro como parezca, la premisa básica para tener una vida financiera saludable es poner los pies en el suelo y vivir en función de la capacidad económica que realmente se tiene, claro, con aspiración y esfuerzo para lograr las metas trazadas.