Opinión

Por qué no habrá reforma migratoria

La promesa de una reforma migratoria en Estados Unidos está agotada. Hace una década que el presidente George W. Bush la prometió aduciendo que el “sistema estaba quebrado”. Barack Obama en sus dos campañas para la presidencia (2008 y 2012) insistió en la promesa. En 2008 Obama fue el candidato más osado en su compromiso explícito de dar a la reforma migratoria el mismo grado de prioridad que a la seguridad fronteriza. En 2012 para no llegar con las manos vacías a la elección, instruyó a la titular del Departamento de Seguridad Interna emitir en junio una medida ejecutiva conocida como DACA (Acción Diferida) a través de la cual los jóvenes que llegaron a ese país de niños podrían diferir la aplicación de la ley migratoria y permanecer en él. De cara a las elecciones de medio término de este año (4 de noviembre), Obama ya no prometió una reforma migratoria y señaló que sólo hasta después de la elección impondrá medidas ejecutivas.

No habrá reforma migratoria en los próximos años por tres razones principales.

1.- Los republicanos han caído en una dinámica que recompensa en el corto plazo al oponerse a la reforma migratoria. La base republicana, es decir los seguidores conservadores del Tea Party (Motín del Te), insisten en una aplicación estricta de la ley. Según una encuesta del Pew Research Center del 16 de octubre pasado, 56 por ciento de los electores republicanos consideran que su partido no está representando adecuadamente sus puntos de vista frente a la inmigración ilegal (los mexicanos representan 66 por ciento del total de indocumentados). Más aún, un 33 por ciento considera que el partido está actuando mal pues está “muy dispuesto” a permitir que inmigrantes ilegales que viven en Estados Unidos puedan regularizarse. También habría que añadir que 67 miembros de la Cámara baja están afiliados al Tea Party y, según una encuesta de 2011, 82 por ciento de los electores que favorecen a movimiento dice que los migrantes indocumentados les provocan miedo y preocupación. Conclusión: mientras la Cámara de Representantes siga dominada por el Partido Republicano, no habrá reforma migratoria.

2.- A pesar que los latinos o hispanos son la minoría número uno y continúa su crecimiento, no han logrado la fuerza electoral necesaria para cabildear y presionar por una reforma migratoria. Los latinos son 17 por ciento de la población, pero sólo representan 11 por ciento del electorado total. Los afectan su distribución geográfica y características demográficas. Por ejemplo, en los ocho estados en que hay una elección reñida para senador en este año, en promedio sólo 4.7 por ciento de los electores son latinos. En seis de los ocho estados son menos de 5.0 por ciento y sólo Colorado, con 14.2 por ciento de electores latinos, está arriba del promedio nacional de 10.7 por ciento de electores latinos. Su demografía también los afecta. Además de que hay muchos latinos sin ciudadanía y por lo tanto no pueden acudir a las urnas, también tienden a ser más jóvenes, con baja escolaridad y salarios bajos. Estas tres características simple y sencillamente disminuyen la intención de ejercer el voto.

3.- Se han desarrollado poderosos incentivos financieros, en particular desde el 11 de septiembre de 2001, para seguir aplicando la ley de una manera estricta y criminalizando la migración indocumentada. La detención de migrantes representa una “oportunidad de inversión” para la industria privada carcelaria. Una serie de legislaciones federales y estatales (IRRIRA 1999, el Programa 287G y la ley de Arizona SB1070) han desarrollado una enorme variedad de medidas para criminalizar la migración. Migrantes indocumentados, niños no acompañados y quienes están siendo alistados para ser deportados, generan importantes recursos para la industria carcelaria. Destaca que las dos mayores compañías de cárceles privadas generan más de 10 por ciento de sus ingresos directamente de los migrantes detenidos.

Habría que añadir a estas tres razones un liderazgo incierto del presidente Obama. La enorme cantidad de deportaciones de los últimos años, sólo comparable con las de la Gran Depresión de 1929, muestra que el sistema migratorio está funcionando para lo que fue creado: cuando no hay suficiente empleo simplemente deshecha a los que no tienen documentos. No es fácil para un presidente enfrentar un sistema bien engranado. Y a Obama la ha faltado presión de los latinos. El y su equipo electoral saben que los latinos no tienen otra opción en Washington. Seguramente después de la elección del 4 de noviembre, Obama tendrá otro gesto con los migrantes aplicando una o varias medidas ejecutivas para mejorar la situación de la comunidad migrante. Esto le será suficiente para asegurarse que su Partido Demócrata vuelva a ser apoyado masivamente por el elector latino en la elección presidencial de 2016.