Opinión

Por qué no es deseable legalizar el consumo de mariguana


 
Me parece que el creciente debate a favor de legalizar el consumo de mariguana ignora argumentos que creo relevantes. Parto de la base de que el mundo podría vivir sin alcohol o drogas ‘recreativas’. Sé que es poco realista considerarlo, pero no veo por qué resignarnos a irreversiblemente incorporar estas sustancias a nuestra vida cotidiana. Quizá inocentemente, sigo pensando que la vida puede ser vivida a su ritmo natural.
 
 
Creo que se ve a la legalización como la solución a todos los males que provienen del narcotráfico, y está lejos de serlo. Recientemente el Dr. Pedro Aspe, quien es un economista serio e inteligente, explicó las razones por las que prohibir el consumo y tráfico de mariguana eleva su precio y provee de recursos al crimen organizado. Eso ocurre, sin duda. Sin embargo, es también un hecho axiomático que si reducimos el precio de un bien, aumentará su demanda. ¿Por qué sería eso una consecuencia deseable? En el caso del tabaco, se asume que aumentar el precio es adecuado porque su consumo está íntimamente ligado con el cáncer, fumar mariguana quizá también lo esté. Estemos de acuerdo en dos factores. Primero, que aun legalizada, habrá un mercado negro, a no ser que ésta sea accesible a consumidores de todas las edades todo el tiempo. Segundo, que si se le impone un impuesto alto, seguirá habiendo un mercado negro para evadirlo. Por cierto, el costo de salud pública por abuso en el consumo de alcohol en Estados Unidos es varias veces mayor que la recaudación total de impuestos por su venta.
 
 
Se dice que el consumo de alcohol tiene mayor costo social que el de mariguana. Al decirlo, comparamos un mercado legal con uno que no lo es. Al reducir el precio de la mariguana, hacerla más accesible, y socialmente aceptable, el consumo aumentará y entonces veremos si su impacto es o no comparable. Veremos también su impacto en la demanda por otras drogas más nocivas. A diferencia del alcohol, donde se puede consumir una copa de vino por gusto y cuyo consumo moderado provoca incluso beneficios a la salud, el único objetivo de consumir mariguana es su efecto sobre la mente o la conducta. Hay abundante evidencia científica de su daño a la capacidad para concentrarse, a la memoria de corto plazo y al sistema inmunológico de consumidores habituales. Aun cuando no se relaciona al consumo de mariguana con comportamientos agresivos, 60 por ciento de los individuos arrestados en Estados Unidos, Inglaterra y Australia tienen trazas de mariguana en su orina.
 
 
Estoy de acuerdo en que la mariguana es una droga que provee de flujo de efectivo a los cárteles. Sin embargo, sería una locura pensar en la legalización o despenalización de otras sustancias altamente nocivas y adictivas como la heroína o las metanfetaminas. Por ello, seguirá habiendo cárteles. Recordemos que lo que ha fortalecido a las grandes bandas de traficantes en México no es el tráfico de mariguana, que existe hace décadas, sino el cierre de las rutas en el Caribe a la cocaína colombiana. Éste forzó al desarrollo de rutas por México, en las cuales se les pagaba en especie a los cárteles mexicanos que la transportaban. La cocaína tiene márgenes mucho mayores que la mariguana y ha provisto de enormes recursos a los cárteles con los que han podido financiar la compra de armamento y la contratación de ejércitos de sicarios.
 
 
Nos guste o no, hay abundante evidencia de que la penalización ha inhibido la demanda. Entre 80 y 90 por ciento de la población mayor a 14 años consume alcohol. En países de la OCDE, entre 3 y 10 por ciento de la misma población consume mariguana, y menos de 1 por ciento drogas más fuertes. La FDA, agencia que regula la administración de alimentos y medicamentos en Estados Unidos, considera que la mariguana es una sustancia “peligrosa que altera la mente”. ¿Por qué incrementar la población de consumidores potencialmente afectados?
 
 
Según un estudio del Departamento de Justicia de Estados Unidos, después de la legalización de esta sustancia en Holanda, el consumo en jóvenes de entre 18 y 25 años se duplicó. En forma más preocupante, simultáneamente se triplicó la adicción a la heroína. Esto ha llevado a 70 por ciento de los municipios holandeses a adoptar leyes de cero tolerancia a las drogas, lo cual ha vuelto a reducir el consumo a nivel nacional. En el Reino Unido, el relajamiento de leyes contra la prescripción de heroína a ciertas clases de adictos provocó un fuerte crecimiento en el consumo de esa sustancia entre jóvenes, llevando a que el número de adictos se multiplicara por 30 en los siguientes diez años. En Suecia, mientras tanto, la política de cero tolerancia ha reducido tanto oferta como demanda por drogas ilegales. Su consumo es un tercio del de países europeos similares. Como lo hacen ellos, el enfoque sí puede estar tratando a la drogadicción como tema de salud pública, enfocándose en prevención, tratamiento y control, pero considerándola una sustancia ilegal. Seamos más humildes y realistas al sobreestimar las soluciones implícitas en la legalización.
 
 
 
Twitter: @jorgesuarezv
 
 
El columnista es Socio Fundador de SP Family Office en Nueva York y autor del libro Ahora o nunca, la gran oportunidad de México para crecer.