Opinión

¿Por qué hablar sobre primera infancia?

David Calderón*

Nuestro desarrollo como seres humanos es siempre un desafío. Aun cuando las niñas y los niños pequeños nos convocan a la delicadeza y a la ternura, no es fácil ser atinados y perseverantes en aquéllo que resulta mejor para ellas y ellos.

Si recorremos México, es fácil no ver a los más chicos. Desde una familia campesina que pone al bebé dentro de una caja alta de cartón o esquinado tras una barrera de huacales, hasta la mamá citadina que usa el asiento trasero del auto como zona principal y restringida para su niña de pocos años. Millones de infantes pasan, hora tras hora, en una espera más bien inerte, sin oportunidad de actividad física, sin muchas ocasiones de exploración y de asombro autoinducido, sin ser convocados por el canto, la palabra y la mirada dirigida expresamente a ellas y ellos.

Esta constatación no es un juicio sobre los padres, sino sobre lo atinado –desatinado, en este caso– de las acciones. Claramente la motivación de estas prácticas es resguardarlos, alejarlos de los peligros potenciales. Lo inadecuado está en que la integración con el entorno y con los otros, la interacción necesaria para ser y para hacer, queda gravemente disminuida. Los padres mismos preferirían algo más, algo distinto, pero en nuestro país parece que no hay tiempo, no hay manera, no hay lugar, no hay dinero. Los demás, la red de amigos y familiares algo puede ayudar, y en general lo hace; pero aun así resulta poco, insuficiente para un gran despegue en la vida.

Deseamos que las niñas y los niños de México estén visibles; que no se les “desaparezca” sino que se les ayude a ver y a ser vistos, a ser apoyados para treparse a las cimas de la vida.

La evidencia sugiere que incluso un voluminoso esfuerzo social puede ser ya tardío si se considera el punto de partida en el primer año de primaria.

En todo el mundo se va consolidando una creciente conciencia de que los primeros años son cruciales para el desarrollo adecuado de cada persona. Una acción coordinada y vigorosa puede evitar o mitigar buena parte de las desigualdades e injusticias si cada sociedad se dedica, con decisión, al cuidado de sus miembros desde la más temprana edad.

En México se han tenido, sobre todo, discursos vagos y conmovedores sobre “el cuidado de la infancia”. Sin embargo, al adoptar los Objetivos del Milenio, los gobiernos tienden todavía a poner el acento de las políticas públicas en la mera supervivencia, dejando para un abstracto “después” la vida plena de los más jóvenes.

El estudio sobre el estado de la educación en México, dedicado a las niñas y los niños de 0 a 6 años, en "los invisibles" es una primera exploración para enriquecer el diálogo social y la incidencia en políticas públicas en la dirección de la vida plena. No pretendemos empujar los límites del conocimiento experto e impresionar a los que ya cultivan, profesionalmente o como activistas de tiempo completo, las disciplinas y enfoques de primera infancia. Lo que queremos, en cambio, es ayudar a colocar en la agenda pública la necesidad y urgencia de trabajar para el desarrollo infantil temprano; difundir evidencia e información útil; llamar la atención sobre prácticas adecuadas y relevantes; señalar ejemplos prometedores.

Queremos convocar a los ciudadanos ya activos en este campo, animar a los indecisos, favorecer la articulación y la colaboración entre expertos de distintas disciplinas, presentar propuestas a las autoridades, dar herramientas para la demanda y la participación de los padres, establecer un monitoreo de algunos indicadores y del cumplimiento de la normativa vigente, empujar el establecimiento de metas y el seguimiento de propuestas. Queremos colocar en la conciencia pública que cada mexicano tiene derecho a aprender desde el día uno de su vida.

En todas las personas, pero lo podemos entender más claramente con las niñas y los niños pequeños, el derecho a la vida, la salud, el desarrollo, la participación, la expresión y la educación no están segmentados. Con sus limitaciones, la mayoría de las estrategias y servicios dirigidos al desarrollo infantil temprano reconocen al menos nominalmente la interacción de los factores; si avanzamos con solidez en esa convergencia, en su complementariedad, la acción colectiva no sólo correrá en beneficio de sus destinatarios principales, los infantes, sino que nos ayudará a pensar las conjunciones igualmente necesarias en otras etapas de la vida.

* Director general de Mexicanos Primero.

Twitter: @DavidResortera

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