Opinión

¿Por qué es tan difícil salir de la zona de comodidad?

   
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“La zona de confort es donde nuestras dudas y nuestra vulnerabilidad son mínimas. Donde creemos que tendremos acceso suficiente al amor, comida, talento, tiempo, admiración. Donde sentimos que tenemos algo de control”.
Brené Brown

La zona de confort es un concepto surgido en 1908 a partir de las investigaciones de Yerkes y Dodson, que encontraron una relación entre la zona de comodidad y el nivel de desempeño. Acuñaron el término “ansiedad óptima” para describir el estado emocional que permite a las personas maximizar sus capacidades, caracterizado por niveles de estrés un poco más altos de lo normal. Le llamaron óptima porque también encontraron que demasiada ansiedad acaba con la tranquilidad necesaria para actuar.

La experiencia nos ha enseñado que los retos son los que nos han hecho crecer. Muchos hemos sido malabaristas intentando atender tareas simultáneas, que nos ayudaron a generar una actitud de alerta frente a los problemas y que nos revelaron capacidades que desconocíamos.

El optimismo excesivo y el déficit de atención con hiperactividad impiden a quienes los padecen, sentir la ansiedad necesaria para actuar; por el contrario, los procrastinadores –que generalmente son perfeccionistas– posponen lo urgente hasta el último segundo porque parecen necesitar producir una dosis artificial de ansiedad para hacer bien las cosas.

Así que el arte radica en regular la ansiedad. Demasiada es dolorosa y destruye, como por ejemplo un trastorno de ansiedad generalizada que es una preocupación flotante y permanente, asociado a depresión, migrañas, hipertensión, cardiopatías, desórdenes digestivos y dolor crónico.

No es lo mismo la ansiedad que el estrés. La primera está asociada a preocupación e intranquilidad.El segundo produce enojo y frustración.

La ansiedad moderada estimula la productividad y el desarrollo, así que regular la ansiedad significa encontrar la dosis que llena de energía y no paraliza.

Algunos dicen que son felices con lo que tienen y que no aspiran a nada más que a conservarse en la zona de las certezas mínimas. En algunos casos, esta actitud puede ser síntoma de depresión.

Por el contrario, necesitar alcohol para relajarse o hipnóticos para dormir son alertas rojas sobre niveles de ansiedad que enferman.

Dicen los terapeutas cognitivo-conductuales (y dicen bien) que la ansiedad se combate con actividades productivas. Hacer cosas disminuye la ansiedad, convertirla en acción, hacerle la guerra al derrotismo e identificar y enfrentar el origen de los miedos, también. Hay que estar dispuestos a sentir un poco de ansiedad sin huir de ella, sabiendo que esta “incomodidad productiva” puede sacar lo mejor de nosotros.

Brené Brown dice que uno de los peores errores que cometemos los humanos es negar nuestros miedos e inseguridades. Solamente enfrentándolos, enseñando a las nuevas generaciones a tolerar la incertidumbre y la incomodidad, podremos construir una cultura que asuma los retos sin tantas quejas y autoconmiseración.

Las manías se instalan si somos incapaces de hacer las cosas diferente. Habrá algunos que deban tomarse con calma las decisiones porque son reactivos. Y otros que necesiten experimentar con decisiones rápidas porque piensan obsesivamente en todas las posibilidades y terminan paralizados.

Es útil identificar y enfrentar los miedos que suelen convencernos de que la cosa no está tan mal y de que no deberíamos arriesgarnos sin garantías de éxito.

Salir de la zona de comodidad no tienen que ser una escena peligrosa. También puede hacerse con pasos pequeños, pero consistentes.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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