Opinión

Por qué el PRI se quedará en Los Pinos

 
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Meade

Estamos a dos, máximo tres semanas para que Enrique Peña designe a su candidato para sucederlo, y son numerosas las versiones de que se inclinará por José Antonio Meade, un tecnócrata que jamás ha militado ni olido a priista. Si tal suceso así se diera, entonces la probabilidad de perder del PRI aumentaría considerablemente. ¿Por qué?

Abrevemos en dos distinguidos analistas del quehacer político, primero Daniel Cosío Villegas. Si hubiera que trazar un denominador común de cuatro de sus libros, este sería que en la mente del mexicano anida un escudo, una defensa ante la adversidad que se llama priismo.

Véase y revísese El sistema político mexicano; La sucesión presidencial; La sucesión: desenlace y perspectivas y, por último, El Estilo personal de gobernar. Los cuatro volúmenes editados por Joaquín Mortiz. Se dirá y con razón, que son tiempos pretéritos y ajenos al México de hoy. Lo que no se puede ignorar es que los mexicanos de hoy continuamos con lo que se llama un ADN que resiste a los cambios de los tiempos, o se tarda mucho en modificarse. En momentos difíciles, la emoción nos gana y mostramos solidaridad ante los terremotos e inundaciones. Los miedos desbordan nuestros criterios personales y en la actualidad un grave temor nos abraza. ¿Qué haremos en el futuro ante la violencia, la desigualdad y la injusticia; está en nuestras manos arreglar esas plagas?

Podríamos en el imaginario colectivo creer que la solución está en el Partido Verde, el Panal… o en Morena. El dueño de este último partido, López Obrador, gana siempre en las encuestas sin valor formal, pero no en el sondeo mayor; ahí es continuamente derrotado. ¿Por qué habría de ganar ahora; es tan grande el hartazgo ante la corrupción generalizada o ante una violencia que parece no tener freno? Algo nos ha ocurrido que esos flagelos los vemos como normales o cotidianos; lo que realmente nos atemoriza es quedarnos sin remedio ante nuestros males de todos los días: empleo, vivienda, salud, comida. Y de un modo o de otro, las huestes del PRI responden o con precariedad o con presunción, pero responden. De ahí el priismo arraigado y profundo: es la bandera tricolor, es la Virgen de Guadalupe.

Veamos que dice Carlos Fuentes en Nuevo Tiempo Mexicano, editado por Aguilar, Nuevo Siglo, (nov 1994) pág 55: “Recientemente Raúl Cremoux nos preguntó a un grupo de mexicanos, ¿cuándo empezó México? Un tanto perplejo, consulté mi respuesta con un amigo argentino toda vez que la Argentina es, en América Latina, el polo opuesto de México, tanto geográfica como culturalmente. Mi amigo Martín Caparrós me contestó: Los mexicanos descienden de los aztecas, los argentinos descendemos de los barcos. Y añadió, la diferencia es que Argentina tiene un comienzo, pero México tiene un origen. Carlos Fuentes se formula incógnitas a mi pregunta y en algún momento, con molestia, revela una anécdota con Félix Salgado Macedonio, candidato a diputado por el Frente Democrático Nacional, y desde la tribuna en el recinto de San Lázaro con dos costales al hombro los vació con miles de boletas electorales cruzadas a su favor y quemadas total o parcialmente a fin de despojarlo de su victoria y dársela al candidato del PRI, Filiberto Vigueras”. En los momentos definitorios, el PRI se vale de lo que sea necesario para obtener sus triunfos. Y si hay duda, volteemos el rostro a lo que fue la reciente elección para gobernador en el Estado de México.

De la inercia social histórica y de las mañas que pueden vencer prácticamente todo, el PRI tiene un soporte del que carecen los partidos opositores, incluso reunidos otra vez en un Frente o en forma aislada aunque pudieran tener mucho arrastre entre algunas franjas sociales. Los candidatos independientes han sido soterrados por disposiciones extra lógicas emanadas de un órgano electoral que no ofrece confianza ni rigor. Es una herencia partidaria y muy lejana a la idea madre de crear un instituto de auténticos ciudadanos libres y autónomos; en consecuencia de ahí nada podremos esperar. El PRI, ahora rechazado en diversas encuestas, hará uso del poder y todas las herramientas a su alcance que no son pocas. Sólo una alianza múltiple, diversa, sólida como hoy no existe, le impediría repetir en Los Pinos.

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