Opinión

Por qué debe México impulsar el acuerdo nuclear G6-Irán

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El secretario de Estado estadounidense John Kerry

SYRACUSE, EU.- Impulsar el acuerdo sobre armas nucleares del Grupo de los Seis (G6) –los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania– con Irán está en el interés de México. México ejercería su responsabilidad global, abonaría a su tradición de búsqueda pacífica de las controversias internacionales y constituiría un acercamiento estratégico con el gobierno de Barack Obama.

México manifestó su apoyo a este acuerdo el mismo día de su conclusión, el pasado 14 de julio, señalando que se trata de un acuerdo histórico que confirma la eficacia de la diplomacia, el multilateralismo y la solución pacífica de las controversias.

El acuerdo es altamente técnico y complejo. Simplemente el texto de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el acuerdo consta de más de 100 páginas. De manera que no es fácil hacerse una idea precisa y concisa de lo que está en juego.

La esencia de la posición de Obama y de quienes en Estados Unidos se han manifestado a favor del acuerdo es que éste proporciona límites claros y verificables sobre la capacidad de Irán para construir un arma nuclear por lo menos en 15 años. Además alarga el tiempo en que Irán podría concluir un artefacto nuclear de tres a doce meses. Esto es, de entrar en vigor el acuerdo, el tiempo que tardarían los científicos iraníes en obtener una ojiva nuclear se multiplica por cuatro, dando a la inspección internacional mayor capacidad para frenar el desarrollo.

El quid pro quo es que a Irán le sería levantado el régimen de sanciones económicas a que ha estado sujeto, lo cual supondría que el país más poblado del Medio Oriente dejaría de ser un paria internacional. La apuesta del G6, es que el ala moderada de Irán, encabeza por el presidente Rouhani y su canciller Zarif, avanzarían frente a los elementos más conservadores y religiosos cercanos al ayatola Jamenei. Es decir, de fraguar el acuerdo, tendríamos un Irán más participativo en los flujos de comercio e información del planeta.

Quienes denuncian el acuerdo, como el primer ministro de Israel Netanyahu, señalan que no es posible confiar en Irán, pues sistemáticamente ha engañado al mundo, en especial al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), sobre su intención de obtener ojivas nucleares. Observadores acuciosos como Dennis Ross, quien coordinó asuntos de Medio Oriente para Bill Clinton y George W. Bush, insisten que Irán no está obligado a desmantelar totalmente su infraestructura de enriquecimiento de uranio, por lo que después de los 15 años de alcance del acuerdo, los científicos iraníes podrían reconstruir un programa que en breve denotara un artefacto nuclear.

Finalmente, los opositores al acuerdo claman que fue un error limitar su alcance a las armas nucleares. Irán, con mayores recursos, podía hacerse y canalizar armas convencionales (sin importar su sofisticación y alcance) a grupos terroristas como Hezbolá y Hamas, a los cuales ya ha venido apoyando. Más allá de estos argumentos, es importante señalar que los detractores del acuerdo no han ofrecido alternativas viables.

Los argumentos a favor y en contra del acuerdo tienen su mérito. Sin ser un experto en física nuclear y en tratados de no proliferación nuclear, no es fácil tomar una postura objetiva. Sin embargo, considero que México ha hecho bien en apoyar el acuerdo alcanzado entre el G6 e Irán; más aún, tendría que impulsarlo más activamente a nivel internacional por dos razones: la primera científica y la segunda de principio.

Este pasado 8 de agosto un grupo de 29 científicos estadounidenses publicó una carta apoyando el acuerdo de Obama. La lista de científicos es impecable, cuenta con cinco premios nobel.

La carta, que puede ser consultada en (http://www.nytimes.com/interactive/2015/08/08/world/document-iranletteraug2015.html) precisa: “Este es un acuerdo innovador, con mucho más limitaciones estrictas que cualquier acuerdo previo… provee la seguridad necesaria por más de una década de que Irán no desarrollará armas nucleares… y fortalece las barreras a la proliferación mundial en Medio Oriente y el mundo.”

El acuerdo entre el G6 e Irán no es una negociación de Estados Unidos y sus aliados con Irán. Es un acuerdo que rompe el tradicional impasse del Consejo de Seguridad de la ONU, lo cual lo convierte en un acuerdo de dimensiones globales.

De ser sancionado por las Naciones Unidas y de ser ratificado por el Congreso de Estados Unidos, el acuerdo nuclear sería el gran legado del presidente Obama en política exterior. Al igual que la apertura diplomática con Cuba que México celebró y apoyó, el acuerdo con Irán es destilado puro de la doctrina Obama: desechar viejas fórmulas que sólo prolongan el statu quo. Es decir, para vencer a los hermanos Castro y a los ayatolas hay que acercarse a ellos y hacerlos participes de la comunidad global.

El acuerdo con Irán no les gusta a los republicanos. México puede y debe fijar de una vez su postura: estamos con la diplomacia, no con los halcones intervencionistas.

Twitter: @RafaelFdeC

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