Opinión

¿Por qué aumentó
la violencia en 2015?

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Cártel Jalisco Nueva Generación. (Tomada de Twitter)

Entre 2007 y 2011 México experimentó una extraordinaria epidemia de violencia. Las principales causas de esta epidemia fueron, por un lado, la torpe ofensiva que el gobierno federal emprendió contra cárteles y mafias, y las guerras que tal ofensiva desató al interior y entre las organizaciones criminales; por el otro, la incapacidad de las autoridades para contener oportunamente brotes de violencia criminal, lo que propició que en varios municipios densamente poblados la violencia se expandiera con rapidez y diera lugar a duraderas crisis regionales.

México logró detener la espiral de homicidios en 2012 e iniciar su caída gradual. Ese año los homicidios dolosos disminuyeron cinco por ciento respecto al año anterior. Esta tendencia negativa se sostuvo hasta 2015, cuando se registró un salto del nueve por ciento en los homicidios. ¿Por qué el descenso de la violencia se revirtió en 2015? ¿Qué sucedió ese año? ¿Implementación de malas estrategias? ¿Revigorización del crimen organizado? Hay elementos que apuntan en las dos direcciones.

Dos acciones fueron cruciales para revertir la tendencia de descenso de la violencia: la intervención a gran escala del gobierno federal en Michoacán (con motivo de la abierta confrontación entre grupos de autodefensa y Los Caballeros Templarios a lo largo de 2013), y los operativos federales en diversos municipios de Guerrero obligados por la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Ambas acciones ocurrieron durante el primer semestre de 2014, y desencadenaron una serie de enfrentamientos entre autoridades y organizaciones criminales, y entre las propias organizaciones criminales, que se expandieron mucho más allá de las fronteras de Michoacán y Guerrero. Además, los dos conjuntos de eventos y su impacto inmediato en la estrategia de seguridad del gobierno federal, motivaron un realineamiento de los grandes grupos criminales, donde remanentes de los Beltrán Leyva, de Los Zetas y del Cártel de Juárez se coaligaron en septiembre de 2014, bajo el liderazgo de Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), para combatir al Cártel de Sinaloa.

Analicemos por partes. El alzamiento de las autodefensas michoacanas y su enfrentamiento abierto con Los Caballeros Templarios obligó al gobierno federal a realizar una intervención a gran escala en Michoacán a lo largo de 2014 que terminó con la desarticulación de Los Templarios.

La intervención del gobierno se realizó de la mano con los grupos de autodefensas, quienes proveyeron al Ejército de información útil para el arresto o abatimiento de los principales líderes de Los Templarios, y la incautación de sus 'casas de seguridad' donde almacenaban armas, drogas y dinero. 27 líderes de los Templarios fueron arrestados durante 2014, más de una cuarta parte de todos los capos detenidos en el país a lo largo de ese año. La ocupación territorial de Michoacán por parte del Ejército redujo la violencia en el estado, pero su retiro paulatino a fines de 2014 propició el aumento de la violencia en la entidad durante 2015. El conflicto michoacano y su corolario en términos de modificación de rutas de trasiego y desplazamiento geográfico de grupos criminales disparó la violencia en varios municipios de estados vecinos, como Colima, Guanajuato y Estado de México. En el caso de Jalisco se detuvo en 2015 la pronunciada disminución de ejecuciones registrado a lo largo de los dos años anteriores.

En Guerrero, la violencia se elevó a partir de septiembre de 2014 por el inicio de una serie de operativos federales ocasionados por la desaparición de los 43 normalistas. Estos operativos resultaron en el arresto de 12 líderes de Guerrero Unidos, ocho de Los Rojos, y seis del Cártel Independiente de Acapulco (CIDA). Estos arrestos exacerbaron las disputas criminales por el control de cuatro regiones del estado: Acapulco, norte, centro y Tierra Caliente. El aumento de la violencia en Guerrero revirtió la tendencia de descenso de las ejecuciones en Morelos, Oaxaca, Puebla y Estado de México (este último perjudicado también por el conflicto michoacano).

Finalmente, además de estos dos factores, un tercero contribuyó decisivamente a revertir la tendencia descendente de la violencia en Sinaloa, Veracruz y Baja California, o a exacerbarla en Baja California Sur, Tabasco y Zacatecas. Fue, como se mencionó líneas atrás, la conformación de una coalición criminal liderada por el CJNG que aprovechó la coyuntura de caos en Michoacán y Guerrero, y la concentración del trabajo de las fuerzas federales en ambas entidades, para intentar arrebatar territorios al Cártel de Sinaloa en otras zonas del país, o al menos posicionarse en nuevas plazas para expandir su presencia y elevar sus ganancias en el gran mercado criminal.

Dedicaré otro texto a las lecciones que las agencias de seguridad deben extraer del tempestuoso 2015.

Twitter: @laloguerrero

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