Opinión

Por más democracia representativa

 
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Grecia UE Unión Europea (Bloomberg/Archivo)

En 1975 el 67 por ciento de los ingleses votó por entrar a la Comunidad Europea; 41 años después, y con una diferencia menor a 4 puntos, gana el Brexit.

En dicho referéndum, el 51.9 por ciento de los 33 millones de ingleses en su mayoría de la tercera edad, con menores ingresos y educación votaron porque el Reino Unido se separe de la Comunidad Económica Europea. Dicho acontecimiento obliga a una profunda reflexión en torno a la democracia: y particularmente a aquella “salida” a la crisis de la democracia representativa: la democracia directa.

Si bien hoy los sistemas políticos democráticos parecen agotados y los partidos políticos se encuentran en una crisis de representación en la que los ciudadanos muestran no sólo desafección, sino enojo, el riesgo de “salidas falsas” que abran la puerta a decisiones inciertas y populistas deben ocupar el debate nacional e internacional.

Retomando a Giovanni Sartori, quien si bien reconoce que algo no está funcionando en el campo de la representación, la posibilidad de enderezar la ruta sin duda no se encuentra en la alternativa de la democracia directa, la cual “podría terminar matando al propio sistema democrático”…. “no podemos aceptar que con la pretensión de curarlo, finalmente se mate al paciente”.

Y es que en las decisiones públicas, en los ciudadanos priva el interés particular, no el general, y la vocación cívica se vuelve un asunto de edades, de nivel educativo, de rencores, de amores, de momentos y de sentimientos; se deja a voluntad las decisiones de Estado.

La democracia directa, entendida como referéndum “consulta a la base con votaciones a mano alzada”, surge como una respuesta a la parálisis y el alejamiento de las instituciones representativas en la que las decisiones a veces nos son adversas o ajenas, pero no resultan un pretexto suficiente para transferirlas al propio electorado, entonces ¿cada quien debe salir a defender sus intereses?

La problemática de un número cuantioso de ciudadanos “representados” en un proceso de decisiones de políticas públicas, así como de procesos legislativos numerosos, la voluntad y perspectiva particular se vuelve un asunto imposible, ¿De qué han servido las nuevas tecnologías para acercar al ciudadano? ¿Es cuestión de trasparencia y rendición de cuentas? ¿De corrupción? ¿De enojo y desafección?

Si bien la representación debe contar con la participación ciudadana en un esquema de gobernanza, se vuelve indispensable insistir en más democracia no menos, hacer funcionar a la representación exigiendo a nuestros representantes, es pertinente retomar la pregunta que se hace Giovanni Sartori ¿Matará la democracia a la democracia?

Sin duda surgen muchas interrogantes de la democracia directa, la polarización de un país, la desigualdad educativa, la diversidad cultural y de intereses, la brecha de edad parecen ser costos que algunos están dispuestos a pagar.

México sigue pasmado con los resultados electorales del pasado 5 de junio sin que hasta la fecha existan reflexiones profundas que expliquen de manera estructural el resultado (comenzando por el PRI) y aunado al Brexit debe contemplar lo que ha sucedido en España, país presa de una pluralidad que le impide formar un gobierno después ya de una segunda elección.

Nuestro régimen ha abierto para el 2018, amén de la reforma política de 2014, reelección y la posibilidad de formar gobiernos de coalición. Sin duda los votantes son diferentes, la política requiere cambiar el régimen presidencial en un contexto de alta competencia y fragmentación, de gobiernos divididos y de alternancia. Las dos experiencias mencionadas nos obligan a una profunda reflexión; ¿qué le puede ofrecer el sistema político a los electores para que éstos no caigan en manos de salidas falsas? ¿Terminará la democracia por matarse a sí misma?

Twitter:@SamuelAguilarS

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