Opinión

Por las buenas

 
1
 

 

Gamés.

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil se preguntaba si la ocasión hace al rector. Presentaban en la Feria del Libro de Minería Mariguana y salud, publicado por el Fondo de Cultura Económica y coordinado por Juan Ramón de la Fuente, un volumen que reúne los estudios de un grupo de investigadores sobre el uso medicinal de la cannabis con el propósito de contribuir al debate sobre la despenalización de la mota.

En entrevista de pasillo, el rector Enrique Graue afirmó para sus periódicos La Jornada y El Universal que el recurso de la fuerza pública será el último que utilice para recuperar el auditorio Justo Sierra o Che Guevara. El doctor Graue dijo que se privilegiará el diálogo para que ese espacio sea liberado por los grupos que lo ocupan. Gilga caminó sobre la duela de cedro blanco y al llegar al muro norte, se dio un tope de los fuertes contra la pared: ¡soc!

Casi al borde de una conmoción cerebral, Gamés rezó: Dios te salve María, bendita, llena eres de gracia entre todas la mujeres (se sabe que rezar está de moda, modo y es moderno). Caracho: un grupo de delincuentes se ha apropiado de un pedazo de la UNAM desde hace 17 años, lo ha convertido en centro de narcomenudeo, casa habitación, muladar, fonda, fábrica de bombas caseras y el rector, con una amabilidad fuera de toda proporción, afirma que privilegiará el diálogo. No somos nada.

AUTORIDAD SIN FUERZA
Un poco de carácter no habría sobrado. Autoridad sin fuerza no es autoridad. En cambio, el rector dijo que se reunirá con el Consejo Técnico de la Facultad de Filosofía y Letras para dialogar en torno a algunas opciones para trabajar por la recuperación del auditorio. Bien vistas las casas (muletilla patrocinada por el Grupo Higa), hay varias opciones: A) Regalarle al grupo 'Okupa Che” el auditorio y a otra cosa mariposa. B) Entregarle a los asaltantes, huéspedes y dueños del Justo Sierra títulos de licenciatura, a cambio de nada sólo para que se sientan bien tratados. C) Remodelar los interiores del auditorio Che Guevara hasta convertirlo en un edificio de departamentos, desde luego financiado por la UNAM. Es que de veras. La cautela de las autoridades universitarias, de tres rectores, se parece mucho al miedo. Cuidado, porque viene un movimiento social y nos metemos en la cueva del lobo autónomo. Un lamento desgarró el silencio del amplísimo estudio: Ay, mis hijoos temerosos. Quizá nadie le ha informado al doctor Graue que él es el rector de la máxima casa de estudios y él en persona podría pedirles a los asaltantes que abandonen ese espacio universitario.

¿Suena loco? Resulta que todo lo sensato y más o menos lógico parece en nuestros días una locura.

UNA RAYA MÁS AL TIGRE
La UNAM, o la autonomía universitaria, tiene debilidad por los fanfarrones, los asaltantes y los rufianes. Gilga recuerda y busca en periódicos viejos: en 1966, un grupo de la Facultad de Derecho liderado por el hijo del gobernador Sánchez Celis, de Sinaloa, tomó el séptimo piso de la Rectoría e insultó y amenazó a Ignacio Chávez. Algunos colaboradores del rector lo salvaron de las vejaciones.

En 1972, dos rufianes, Castro Bustos y Falcón, al frente de un grupo de normalistas, sí, leyeron bien, normalistas, apoyados por Rubén Figueroa, tomaron la Rectoría de Pablo González Casanova durante más de dos meses. Gil no quisiera exagerar, pero la historia demuestra que unos cuantos encapuchados decididos pueden tomar la UNAM cuando les dé su regalada gana.

Del año de 1999, mejor ni hablar, el Consejo General de Huelga secuestró durante nueve meses a la UNAM. Un desastre de los grandes.

Zedillo dejó que la papa caliente se enfriara en las manos del rector Barnés hasta que una noche la Policía recuperó las instalaciones, todas menos el auditorio Che Guevara, a donde se quedaron a vivir, los 'okupas'. A esos años y esos sueños y esos delitos pertenece El Mosh.

Gamés abandonó el mullido sillón y caviló mientras caminaba sobre la duela de cedro blanco. En resumidas cuentas, la autonomía universitaria ha servido para que los hampones le hagan daño a esa institución y no para preservar la libertad de cátedra y el espíritu universitario. Se oye un murmullo y se dice que en cualquier momento vienen los jitomatazos contra Gilga. Ni modo (muletilla patrocinada por el presidente Peña), pero si la detención de un delincuente como El Yorch puede dar lugar a la quemazón de un coche de vigilancia de la UNAM y a la clausura de la entrada al circuito universitario, la autonomía universitaria sirve más para proteger delincuentes que para conservar la libertad. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: cada día estamos más lejos de Barros Sierra.

La máxima de Bertolt Brecht espetó en el ático de las frases célebres: “Cuando un delito se multiplica, nadie quiere verlo”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

También te puede interesar:
Dos pillos de cuidado
Voltaire contra los fanáticos
Arne aus den Ruthen, el vigilante