Opinión

Por fin, una política pública para la gastronomía nacional

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Gastronomía

El 16 de noviembre de 2010, en Nairobi, la UNESCO le dio a la gastronomía mexicana el estatus de Patrimonio de la Humanidad, en la categoría de lo intangible, recordó ayer frente al presidente Enrique Peña Nieto la señora Gloria López Morales –que estuvo ese día en la capital de Kenia–, quien trajo a la memoria que ese nombramiento del organismo de las Naciones Unidas provocó júbilo, desconcierto y estupor.

Esa reacción, ese desconcierto, alcanzó a la entonces secretaria de Turismo, Gloria Guevara, a la que lo único que se le ocurrió decir fue que la denominación otorgada por la UNESCO ayudaría a fortalecer la actividad turística, atraer más paseantes y elevar la derrama económica. Declaración obvia, nada brillante, que dejaba muy en claro que la entonces titular calderonista de la Secretaría de Turismo no tenía la menor idea de la joya que la UNESCO acababa de poner en sus manos y lo que vino después sólo sirvió para comprobar lo limitado de sus alcances como secretaria de Estado.

Anunció que “para impulsar a la gastronomía mexicana” realizaría una serie de eventos, como festivales, concursos de recetas y literarios, y trivias por internet para regalar comidas y cenas a quienes las adivinaran. Además, crearía el Distintivo de Calidad “Patrimonio de la Humanidad” para restaurantes de comida mexicana, y el programa “Conoce México hasta la cocina”, los cuales nunca existieron.

Pero su acto estrella fue la creación al vapor de una decena de rutas gastronómicas por regiones, que nunca existieron como producto turístico, sino sólo en el discurso y en la página web exclusiva que le diseñaron.

Tal vez por todo esto fue que ayer doña Gloria López Morales, presidenta del Conservatorio de la Cultura Gastronómica Mexicana, se quejó de que el nombramiento no fue ponderado en toda su contundencia cuando fue anunciado.

A cinco años de distancia, ayer Peña Nieto dio a conocer lo que denominó Política de Fomento a la Gastronomía Nacional, una acción de gobierno que entiende a la gastronomía como algo mucho más importante que sólo un atractivo turístico, y que involucra a nueve secretarías de Estado y a once dependencias más.

Elaborar políticas públicas para desarrollar la gastronomía con todo su potencial es algo elemental para un gobernante con visión, que no se le ocurrió a Gloria Guevara ni a su jefe Felipe Calderón; prefirieron hacer trivias por internet.

La idea principal es alinear toda la cadena de valor de la cocina mexicana, cadena que inicia con la producción del alimento en el campo, hasta que se vende en una tienda o se sirve en un platillo en un restaurante, recorriendo así toda la ruta de comercialización que suele tener un ingrediente.

Para poner en contexto, hay que ver los siguientes datos: en el país hay 515 mil restaurantes, que aportan un millón 300 mil empleos directos y tres millones 300 mil indirectos; este sector –no sólo el restaurantero, sino el de toda la industria gastronómica- aporta 2.0 por ciento del Producto Interno Bruto nacional y se calcula que casi la tercera parte de lo que gasta un turista aquí lo hace en alimentos y bebidas.

Hace diez años en México habían registrados 242 mil restaurantes, lo que indica que en tan sólo una década esta cantidad se duplicó, por decir lo menos.

No obstante, el propio presidente aseguró que a pesar la importancia económica que ya tiene, esta cadena de valor se encuentra desarticulada y con una productividad muy limitada. De ahí la idea de lanzar esta política gastronómica que buscará poner orden en todo el proceso de producción, comercialización, distribución, financiamiento, calidad, regulación, sustentabilidad, innovación, desarrollo y promoción.

Todas estas son las palabras clave de la cadena de valor de los productos que sirven para crear la gastronomía nacional, pero a las cuales hay que agregar un concepto que no podemos dejar de lado: también se convierte en un producto turístico, muy poderoso, por cierto.

Correo: garmenta@elfinanciero.com.mx
 
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