Opinión

Populistas

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dinero

Comentábamos la semana pasada de lo apretado que están las finanzas públicas. Por un lado, recaudamos poco; por el otro, ofrecimos mucho. Simplemente es imposible cubrir las promesas acumuladas durante décadas, tanto por el viejo régimen, corporativo y clientelar, como por los ataques populistas y demagógicos del período democrático. De todos los signos, para que no haya duda; desde quien ofreció pagos a adultos mayores, sin sostén financiero, hasta quien eliminó la tenencia, pasando por el partido del régimen anterior, que trae en sus genes el clientelismo.

Siempre puede uno encontrar defensa de los “derechos”. No tengo duda de que muchos ancianos viven en condiciones miserables, y regalarles una pequeña cantidad les es de gran utilidad. Pero cuando uno multiplica esa pequeña cantidad por millones de personas, ya no es tan sencillo financiar ese “derecho”. Por alguna razón, muchas personas imaginan que el gobierno tiene un árbol que da dinero, o algo así, de forma que no ven nada de malo en esas transferencias. Pero el gobierno no produce riqueza, de forma que depende de nosotros para financiar los regalos que haga. Para un político esto es maravilloso, porque puede hacer caravana con nuestro sombrero sin mayor dificultad, al grado de que millones de personas crean que se trata de un político de buen corazón el que regala dinero que no es suyo. Si en algo hay que ilustrar a la población es precisamente en esto: cada peso que gasta el gobierno es un peso que nos quita a nosotros. Quien regala no es una buena persona, es un irresponsable.

Pero, decía, no se trata del único caso. Durante los dos sexenios del PAN tuvimos una pérdida de recaudación considerable que no debió ocurrir. Por un lado, la fijación de precio de la gasolina por parte de Hacienda provocó que los automovilistas acabaran recibiendo un subsidio cuando el precio internacional creció rápidamente, mientras acá no se movía. Luego, cuando el precio internacional cayó, ese subsidio se convirtió en impuesto. Pero en la suma perdió el gobierno una gran cantidad de dinero. Si subsidiar combustibles es una pésima idea, lo mismo puede decirse de la eliminación de la tenencia, que era un impuesto totalmente progresivo (lo pagaban quienes podían comprar un auto). Se entiende que fue una oferta tradicional del PAN, que insistía en que se trataba de un impuesto creado para financiar las olimpiadas de 1968 y por eso debería desaparecer. Pero el fin de la tenencia es el inicio de la crisis de deuda de las entidades federativas. Fue una pésima idea.

Pero el paradigma del populismo es el viejo régimen, sin duda. Se trató de un régimen político autoritario, construido de forma corporativa, en el que todo el sistema concentraba sus fuerzas en la figura presidencial, que por lo mismo mantenía una relación directa con el pueblo, al que servía, según sus cuentos. En ese sentido era populista, puesto que no había instituciones que sirvieran de algo. Pero también lo era en cuestión económica, porque se ofrecían imposibles con toda serenidad: educación para todos, salud, pensiones, vivienda. Está llena la Constitución de esas ofertas hechas sin ningún reparo, ni responsabilidad.

Pero en los hechos era peor, porque todos los programas sociales de ese régimen eran regresivos, es decir, daban más a quienes ya tenían y menos a quienes necesitaban. Por eso se ha mantenido una proporción importante de mexicanos en pobreza. Así que nadie está limpio, ni nadie es totalmente culpable. Dejemos de lado ajustes de cuentas, y concentrémonos en lograr que las cuentas cuadren. Son dos cosas distintas.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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