Opinión

Populismos latinoamericanos

 
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Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. (AP)

“Déjame decirte, amigo. La esperanza es una cosa peligrosa. La esperanza puede volver loco a un hombre”: Red (Morgan Freeman) en The Shawshank Redemption.

Argentina, Brasil, Ecuador, Venezuela. Economías de diversos tamaños que han sido lideradas por gobiernos populistas y que están viviendo enormes complicaciones económicas con un tremendo impacto en el bienestar social de sus habitantes.

El término populista tiene una connotación negativa, equiparable, tal vez, a la demagogia. Podría entenderse también como algo cercano al pueblo, a la gente, sin otorgarle ningún carácter peyorativo. Los casos que menciono comparten ambas caras del término. Empiezan con una idea, o quizás un ideal de cercanía con las necesidades de la gente, de empatía con el deseo de sociedades más igualitarias, de bienestar mejor distribuido.

Es ahí donde entra la esperanza a jugar un papel fundamental. La esperanza cambia las expectativas, tanto las del que promete, como las de quien las cree. En esos buenos deseos, en esas buenas intenciones iniciales, se van fermentando delirios de grandeza y de salvación. La población deposita todos sus deseos en un personaje quien, a su vez, está dispuesto a asumir su papel de salvador. La cordura va perdiendo terreno hasta que prácticamente desaparece y cede su lugar a teorías conspiracionistas o a complejas paranoias.

Argentina, Brasil, Ecuador, Venezuela han sido víctimas de este padecimiento. Buenas intenciones, que se visten de buenas causas, pero que ocasionan que se tomen pésimas decisiones en materia económica con consecuencias perjudiciales para la sociedad. Es en esta última etapa de deterioro económico, cuando entran los delirios de persecución: el enemigo puede ser cualquiera que piense distinto.

Hoy el caso que se presenta más dramático es Venezuela. Las imágenes recorren los medios. Hace un par de años eran anaqueles vacíos, escenas de supermercados sin productos y colas interminables para adquirir productos de todo tipo. Hoy las fotos ya no son de las tiendas vacías, hoy son imágenes de enfermos en hospitales en condiciones deplorables o relatos de bebés o niños que mueren por no tener acceso a medicinas o tratamientos médicos relativamente sencillos.

Venezuela vive uno de los peores momentos de su historia. Una economía plena de recursos naturales, con recursos humanos, con todo para tener una historia de éxito, es hoy una economía hecha trizas. Pero no se hizo trizas de la noche a la mañana. El anterior presidente, Hugo Chávez, buscaba –eso decía– generar libertad, igualdad y desarrollo y basaba sus políticas en la 'justicia social'. Dentro de sus prioridades estaba mejorar el acceso de la población a la alimentación, al agua, a la salud y a la cultura.

Hugo Chávez murió en 2013, pero sin duda sentó las bases para que su sucesor, con quien se comunica a través de un pajarito, terminara de destruir la economía venezolana. Hoy Venezuela no publica datos de inflación ni de pobreza. Por decreto, no hay inflación en Venezuela, se ha llegado incluso a decir que aunque los precios suban, no hay inflación. Delirios. Este año la inflación –evidentemente no oficial– rondará el 720 por ciento. Para 2017 se prevé que alcance el dos mil 200 por ciento.

Más de 70 por ciento de la población está en pobreza. Los cortes de energía impiden cualquier proceso productivo. Las empresas que opten por cerrar dado el deterioro económico, pueden ser expropiadas por el gobierno. La principal empresa productora de alimentos de Venezuela, Empresas Polar, advirtió de que los inventarios de maíz blanco, con el que se elaboran las arepas, se acaban a finales de este mes. Sólo el gobierno puede importar maíz, pero ya tampoco tiene los recursos para hacerlo.

Esta semana el presidente Nicolás Maduro decretó el estado de emergencia en el país. Esto le da a los militares más control sobre la distribución y comercialización de alimentos e implica más controles sobre la empresa privada. También le da al Ejecutivo la posibilidad de limitar las transacciones en efectivo o electrónicas e impide sanciones políticas contra las máximas autoridades de los poderes públicos.

Venezuela vive las consecuencias de depositar grandes expectativas en personajes delirantes. Sin duda, la esperanza es una cosa peligrosa.

La autora es profesora de Economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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