Opinión

Populismo legislativo

En lugar de proponer medidas globales para proteger los derechos de los animales, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) aprobó reformas a la Ley para la Celebración de Espectáculos Públicos para prohibir que los circos usen animales y evitar su maltrato. ¿Todos los circos maltratan a los animales? ¿Y el resto de las formas de sufrimiento, entre ellas las corridas de toros, los acuarios, los caballos que usan la policía montada y peor aún los rastros que operan en condiciones insalubres?

El populismo consiste en ofrecer soluciones mágicas que detonan el aplauso general sin incurrir en grandes costos ni solucionar los problemas de fondo. Muy parecido a las ofertas de perder peso en 30 días sin dieta ni ejercicio.

El populismo generalmente opera en contextos excluyentes y autoritarios. Así ocurrió en el Distrito Federal: la Asamblea dictaminó y votó las modificaciones legales sin realizar audiencias con los afectados: los cirqueros, los veterinarios, los criadores de animales y también las familias. Tan pronto se aprobó, el principal promotor de la reforma –el diputado Jesús Sesma del Partido Verde– presumió que así se logra “darle voz a los que no tienen [animales] para defender sus derechos”. Se les da voz a los animales, pero se les quitan derechos a terceros.

La reforma –que puede ser vetada por el jefe de gobierno del DF– viola principios jurídicos esenciales, como la razonabilidad, la proporcionalidad y la no discriminación. La persecución de un objetivo no puede hacerse a costa de una afectación innecesaria o desmedida de otros bienes y derechos constitucionalmente protegidos –por ejemplo el empleo de 50 mil familias que según la industria dependen de los 400 circos que hay en México. También afecta la sana diversión familiar que por cierto, genera empatía hacia los animales porque se trata del primer contacto físico que muchos niños tienen con el mundo animal.

El populismo legislativo es un riesgo creciente en México, porque muchos legisladores cosechan popularidad o fans por medio de una legislación absurda, errática, costosa y que afecta derechos de terceros. Porque prometen soluciones que nunca se materializan y estiran la capacidad limitada del Estado para cumplir con más regulaciones y prohibiciones.

La semana pasada, la misma ALDF aprobó una Ley de Estadios para Salvaguardar la Integridad de los Aficionados, que contempla sanciones a los rijosos hasta por cuatro años de cárcel, multa de entre 40 a 90 días de salario mínimo, así como la creación de un padrón de aficionados violentos para prohibirles la entrada a eventos deportivos. Pero no se requiere una nueva ley ni tampoco penas más severas cuando lo esencial es que la policía esté mejor capacitada para aplicar la ley y detener a los bandoleros. ¿Por qué se ponen más penas a los revoltosos deportivos pero se redujeron las penas para que los anarquistas 1Mx salieran de la cárcel –aquellos que causaron destrozos en el DF el día de la toma de protesta de Enrique Peña Nieto?

Hace dos semanas también hubo aplausos fáciles en el Congreso federal, cuando se aumentaron las penas a los secuestradores de 80 a 140 años. Según el Partido Verde, así se previene la comisión de este delito, pues neutraliza al delincuente y advierte al resto de los ciudadanos de la ejemplar sanción que se impone a los delincuentes. ¿Acaso estarán ahora los secuestradores asustados y planeando cómo cambiar de profesión para evitar tan altas penas? Quizá algunos ya estén estudiando para ingresar a la universidad.

También hay populismo con tintes familiares y divinos. Por ejemplo, la semana pasada se creó en el Senado la Comisión de la Familia y el Desarrollo Humano para promover el fortalecimiento de las familias mexicanas y el desarrollo humano integral. ¿Quién le ha dado al Poder Legislativo tan alta encomienda? El preside José María Martínez, senador del PAN, quien afirmó que “tenemos que trabajar en políticas que fortalezcan la familia, a la mujer y también a nuestros jóvenes. No queremos el aborto. Queremos trabajar en función exactamente de la vida”.

Además de que sus metas son irrealizables y cuestionables por segmentos de la población, tal populismo costará recursos: la Cámara de Senadores ya contaba con el mayor número de comisiones del mundo con 62; y con esta nueva llegará a 63. ¿Para qué crear una nueva comisión ordinaria cuando dichos temas podían ser abordados por diversas comisiones, como la de Derechos de la Niñez y de la Adolescencia, Derechos Humanos, Juventud y Deporte?

El pluralismo de los poderes legislativos en México –bueno para estimular la diversidad y los pesos y contrapesos– también es caldo de cultivo para las ocurrencias y el populismo. Populismo con cargo al erario que eleva la interminable lista de obligaciones del Estado mexicano, que genera expectativas y al final frustración. Por ahora, los únicos que pueden detener los riesgos del populismo son los ejecutivos. Ojalá así lo haga el jefe de Gobierno del Distrito Federal.